Cuánto mide “5 metros de poemas

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5 metros de poemas
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Este libro tiene una sola hoja doblada 25 veces, es un largo acordeón de papel. En las primeras páginas uno se encuentra con esta sugerencia: “Abra el libro como quien pela una fruta”.

Este libro tiene una sola hoja doblada 25 veces, es un largo acordeón de papel. En las primeras páginas uno se encuentra con esta sugerencia: “Abra el libro como quien pela una fruta”.
“5 metros de poemas” se publicó el último día de 1927. Su autor, Carlos Oquendo de Amat, moriría a los pocos años de tuberculosis.
Me pregunto si el libro mide realmente cinco metros. La única forma de saberlo es midiéndolo con una wincha. Para ello extenderé el acordeón por todo el suelo y le pediré a dos personas que lo sostengan de los extremos mientras yo, centímetro en mano, le tomo la medida.
Voy a la plaza San Martín en busca de cómplices. El sol hace su trabajo. Tanteo entre los caminantes a ver si alguien quiere ayudarme. Una pelirroja me pregunta de qué trata el libro. Se lo pongo en la mano. “¿Son versos de amor?”, pregunta.

En el primer poema, “Aldeanita”, el poeta –que nació en Puno– le declara su amor a una campesina “porque en una mañanita de cartón/ (a este bueno aventurero de emociones)/ le diste el vaso de agua de tu cuerpo”.
La pelirroja sonríe. Le gusta la expresión “el vaso de agua de tu cuerpo”. Le digo que es una fórmula secreta, un truco de los poetas: hablar del A de B para decir algo. A sería “vaso de agua” y B “tu cuerpo”. Oquendo, en “Obsequio”, le dice a su mujer que se muere “por sembrar un beso/ bajo la alta palmera de una frase tuya”. Y en “Puerto” cuenta la historia de un marinero que bebe melancólico en una taberna hasta que “la brisa trae/ los cinco pétalos de una canción”.
“Los cinco pétalos de una canción”.

Llega el esposo de la pelirroja, que se va nerviosamente.
Veo a dos jóvenes matando el tiempo con sus celulares. Camino hacia ellos. Alzan la mirada, desconfiados. Piensan que les voy a hablar de la CIA, de los ovnis o de Dios, como suele ocurrir en la plaza San Martín. Les cuento mi idea. Les parece “piola”.
Abrimos el acordeón de papel sobre el suelo empedrado, justo frente a la estatua del libertador José de San Martín. Mis ayudantes toman el poemario de los extremos. Yo, en cuclillas como un pato, abro mi wincha.

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A poco de llegar al final me canso y me siento un rato a descansar. Le pregunto a uno de mis cómplices si ha leído algo de “Cinco metros de poemas”. Nilton Ormeño, como se llama, responde: “Naca la pirinaca”. Dice que en su colegio, el Saco Oliveros de El Agustino, no le hablaron nunca de Oquendo. Me pide que lea un poema en voz alta. Tengo a la vista “Poema del manicomio”:

 

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¿Qué te parece?, le pregunto a Nilton, estudiante de ingeniería eléctrica de la Universidad Nacional de Ingeniería. “No entiendo nada, mucha metáfora”, contesta algo avergonzado.
El poema muestra una de las contradicciones centrales de la vida: el dilema entre saber y ser desdichado e ignorar y ser feliz. Mientras más sabe, el hombre reconoce la grisura de la vida y tiende a angustiarse; en cambio si sabe poco, puede afrontar los días con tranquilidad.
En “Poema del manicomio” el sujeto se encuentra con la verdad, la locura, lo arbitrario, y se siente tan desconcertado que tiene que retroceder a la mentira, la cordura, lo justificado. Pero cuando vuelve se siente vacío. Ya ha madurado, viste pantalones largos, pero siente que la calle necesita ruedas, colores, pasos.

Algunos críticos creen que Oquendo escribió este poema cuando vino a Lima por primera vez y vio la vorágine de autos, edificios y afiches publicitarios. La ciudad era la locura de la que quería regresarse.
En “5 metros de poemas” hay trazos de una ciudad implacable. Por ejemplo, en “New York” hay un verso encerrado en un cartel que dice: “Se alquila esta mañana”. El poeta vuelve a usar este recurso en “Mar”, donde otro cartel ordena: “Se prohíbe estar triste”.
Mis ayudantes me dicen que me apure, que no tienen todo el día. Entonces me incorporo y abarco todo el poemario con mi wincha. Descubro por fin la verdadera longitud del libro: 5,34 metros. Oquendo había mentido℗.

Fuente: https://procrastinadorsite.wordpress.com/2016/03/06/cuanto-mide-5-metros-de-poemas/   Copiado 29/06/2016

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