La visión caótica del mundo en la poesía de Oquendo de Amat

Análisis de Poemas
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

Este es tal vez el margen menos visible y, por eso, más difícil de reconocer en la poesía oquendiana. Resulta pues, extraño, asociar el caos como visión personal a la agilidad, a la frescura y –en algunos poemas– a la desmesurada ternura del autor de “5 Metros de Poema”. Pero, entanto (sic) que testigo y producto de su tiempo, Oquendo vivió –y escribió– la crisis de la sociedad capitalista en la década del 20.

La visión caótica del mundo en la poesía de Oquendo de Amat

Por: Jorge Luis Roncal || Revista Disturbios n°1 Lima - Mayo 1977

Este es tal vez el margen menos visible y, por eso, más difícil de reconocer en la poesía oquendiana. Resulta pues, extraño, asociar el caos como visión personal a la agilidad, a la frescura y –en algunos poemas– a la desmesurada ternura del autor de “5 Metros de Poema”. Pero, entanto (sic) que testigo y producto de su tiempo, Oquendo vivió –y escribió– la crisis de la sociedad capitalista en la década del 20.

Creo que subyace en algunos poemas –3 ó 4–, especialmente en ‘Cuarto de los espejos’, un comprobar que 1a cultura occidental había originado el más grande y el peor de los vacíos; la miseria humana. Oquendo quiso suplir esta carencia de vida acudiendo, paradójicamente, a un hermoso recurso; el mirar desde el pasado –la infancia–, e1 expresar –utilizando los hallazgos formales de los movimientos de vanguardia, del ultraísmo al surrealismo– con inocencia. Con decantada pureza, las contradicciones de su época. No les fueron ajenas a Oquendo las exploraciones oníricas –sin llegar al torrente verbal– que sistematizaran los surrealistas. Amberes, París, Viena, New York; ciudades entrevistas. pero conocidas, imaginadas, pero no vividas, sirvieron de fondo para que el poeta derrame su gracia de Yanquilandia a la Torre de Eiffel, elementos culturales con los que bromea sutilmente y de los cuales se burla también de manera refinada (Los árboles pronto romperán sus amarras / y son ramos de flores todos los policías. (‘New York'),

Pienso que es en 'Cuarto de los espejos’ y ‘Poema del manicomio’, poemas escritos en 1923 año de 'infinita incomunicación y soledad’[1], donde se puede apreciar con mayor nitidez la conciencia del poeta frente al mundo. En 'Cuarto de los espejos’, el único texto de marcado acento vallejiano, Oquendo traduce la desesperación de su generación por hallar una salida, una puerta a la ruina anímica y vital que experimentaban (Dónde estará la, puerta? / Dónde estará la puerta? / y siempre nos damos de bruces). El comprobar que la búsqueda es infructuosa, que las posibilidades se pierden, que el tiempo ya no es indicador de progresión sino de un estatismo donde se confunden la vida, y 1a muerte, la juventud y 1a vejez (Ser siempre el mismo espejo que le damos vuelta), lleva a Oquendo a la conclusión de que se está para

            ser de MADERA

                                                      y sentir en lo negro

                             HACHAZOS DE TIEMPO

Si en ‘Cuarto de los espejos' desaparece toda alusión –directa o indirecta– a la infancia y expresiones que la caracterizan en 'Poema del manicomio', texto definitivamente de vanguardia en cuanto a la forma, Oquendo de Amat retoma este margen –donde cualquier indecisión, cualquier tropiezo es irreprochable y a la vez hermoso– (Tuve miedo/ y me regresé de la locura/ Tuve miedo de ser/ una rueda/ un color/ un paso/ PORQUE MIS OJOS ERAN NIÑOS / Y mi corazón/ un botón /más/ de/ mi camisa de fuerza) pero sólo para retornar al presente y depositar una mirada grave sobre el mundo (Pero hoy que mis ojos visten pantalones largos / veo a la calle que está mendiga de pasos).

En 'Film de los paisajes', texto jamás antologado, la referencia al mundo caótico es menos precisa y, por eso, más elegante y hábil. La suave ironía, no desprovista de espíritu crítico (Y la vida nos parece mejor / porqué está más alta), es un gesto que no llega a ser sonrisa: (Nosotros desentornillamos todo nuestro optimismo/ nos llenamos la cartera de estrellas/ y hasta hay alguno que firma un cheque de cielo). La desesperanza que provoca la observaci6n del paisaje es una pregunta ( y quién / habrá quedado) que queda sin respuesta:

            Dios                    o                nada

 pero que por no haber sido absuelta implica un nuevo desdobla miento del paisaje (Véase el próximo episodio).

En 'Mar' hay una lúcida apelación, una llamada de atención al hombre:   

 Se prohíbe estar triste

luego de contemplar el sordo paso del tiempo (Quién habrá dejado caer / las rosas de las islas).

El poema ‘Madre’ es un hermoso intento por embellecer el presente a través del recuerdo y su tangibilidad en la escritura (Mi recuerdo te viste siempre de blanco/ como un recreo de niños que los hombres miran desde aquí distante), pero esta es insuficiente para cubrir la ausencia ( Entre ti y el horizonte / mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos ) aun cuando la lejana presencia del ser querido está por encima del tiempo y su expresión (Porque ante ti callan las rosas y la canción).  

[1] Meneses, Carlos. "Tránsito de Oquendo de Oquendo", Las Palmas de Gran Canaria, Inventarios provisionales, l973; p.99.

FUENTE : https://cedoc.sisbib.unmsm.edu.pe/public/pdf/medio_siglo_poesia/1.114.pdf

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS
¡Bienvenido! Inscríbete por email a nuestro servicio de suscripción de correo electrónico gratuito para recibir notificaciones de noticias, novedades y eventos.