Carlos Oquendo de Amat: entre la revolución poética y la poética de la revolución

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El presente artículo busca dilucidar la existencia o no de una «poética crítica» en 5 metros de poemas y en otros poemas sueltos del autor puneño. Con ese fin, se analizan las distintas referencias del poeta a una modernidad concebida en el seno de una sociedad basada en el consumo y en el desarrollo tecnológico, así como su posicionamiento frente al mundo andino. De igual modo, busca rastrear el tránsito de una actitud crítica de Oquendo hacia posturas marcadamente ideológicas que lo llevarán a abandonar (¿abruptamente, progresivamente?) la poesía con el fin de que, como individuo y no como artista, pueda promover el cambio social.

 

Carlos Oquendo de Amat: entre la revolución poética y la poética de la revolución

Por: Lesley Regalado Díaz1

Publicado originalmente en: Descalzar los atriles vanguardistas literarias en el Perú, 
G. Di Laura y K. Ibarra (edits)(pp 87-99) México:UAM / Editora Nómada. https://doi.org/10.47377/angal.4

Oquendo revolución

El presente artículo busca dilucidar la existencia o no de una «poética crítica» en 5 metros de poemas y en otros poemas sueltos del autor puneño. Con ese fin, se analizan las distintas referencias del poeta a una modernidad concebida en el seno de una sociedad basada en el consumo y en el desarrollo tecnológico, así como su posicionamiento frente al mundo andino. De igual modo, busca rastrear el tránsito de una actitud crítica de Oquendo hacia posturas marcadamente ideológicas que lo llevarán a abandonar (¿abruptamente, progresivamente?) la poesía con el fin de que, como individuo y no como artista, pueda promover el cambio social.

Asimismo, se pretende dar a conocer la figura de Carlos Oquendo de Amat como aquel creador genuino que buscó trascender más allá de su obra y su paso por la política; sino también, reivindicar la figura de quien no fue aceptado, tolerado ni comprendido en su tiempo. Es así que frente a estas circunstancias surgen también algunas interrogantes como: ¿el tránsito de Oquendo de Amat de una poesía vanguardista marcadamente lúdica al abandono de la poesía misma y su entrega a la causa revolucionaria se produjo de forma abrupta? ¿El supuesto abandono de la poesía en Oquendo implica la concesión tácita de las limitaciones de la poesía como un instrumento de cambio social? ¿Oquendo se asumió como un poeta que no podría crear una poesía social o militante y, en consecuencia, la abandonó para entregarse de lleno a la causa revolucionaria?

¿Existen poemas que son testimonio de este cambio de actitud frente a la litera­ tura y la política? ¿Los elementos críticos de Oquendo constituyen una «poética revolucionaria» o sólo es una poética vanguardista (con visos críticos) de un hombre que se dedicará después a la lucha ideológica? Algunas respuestas se irán desarrollando a lo largo de este capítulo.

El Perú de Oquendo

A finales del siglo XIX y a inicios del siglo XX el mundo empieza a experimentar diversos cambios tanto en lo político y social, pero sobre todo con mayor énfa­sis en las artes. El Perú no fue ajeno a ello. Se aproximaba al centenario de su independencia y el país empezó a transformarse llegando así la modernización a través de préstamos americanos para la construcción de lujosos hoteles, palacios, plazas, hospitales, avenidas, entre otros. Toda esa transición se dio durante la ges­tión presidencial de Augusto B. Leguía, el cual representaba a la clase media en el poder. Lima, vivía una etapa de auge, de placeres, de renovación cultural; pero también de injusticias, diferencias de clases, corrupción y autoritarismo. A todo ello, se sumaron las protestas de los obreros y campesinos, las revueltas estudian­ tiles de los universitarios que reclamaban justicia social. Esta prosperidad se que­bró y surgieron las marchas universitarias, luchas obreras y la política de masas.2 En 1920, en el Primer Congreso Nacional de estudiantes realizado en el Cuzco, se aprobó la moción de fundación de Universidades Populares cuyos fines, en sus inicios, fueron educativos y culturales; imitando así el ejemplo de nuestros países hermanos como Uruguay y Argentina que desde 1910 ya conta­ ban con estas experiencias. Es así que, en Perú, se funda la primera Universidad Popular el 21 de enero de 1921, bajo la dirección de Víctor Raúl Haya de la Torre. En ella, dictaban los estudiantes de vanguardia y algunos catedráticos de la Universidad Mayor de San Marcos.

Ante esta situación la Literatura no fue ajena y cumplió un rol importante porque sirvió como medio de denuncia y crítica. Según Luis Alberto Sánchez «Fue 1916 un momento cenital en la cultura peruana» (en Thissen, 2017, p. 122). A partir de la afirmación de Sánchez, se podría inferir que el contexto jugó un rol importante, ya que propició la llegada de nuevos estilos de creación y de corrientes vanguardistas donde diversos poetas y escritores destacaron como César Vallejo, Manuel Hidalgo, Gamaliel Churata, Alejandro Peralta, César Atahualpa, Xavier Abril, entre otros exponentes. Además, la calidad tanto en las letras como en las artes fue abundante. Manuel González Prada afirmaba con respecto a la nueva generación literaria: «Y es que hoy se vive menos de la imitación. Hay más originalidad, más arte, más audacia. Antes hubo timidez, gazmoñería y reticencia [...]»3. Por consiguiente, son tiempos donde se germina la innovación en los versos, se promueve la valoración del indio extendiéndose a así en la pintura, en las ciencias sociales y la política. De esta manera, el van­guardismo va apareciendo y va dando sus primeros pasos.

Las Vanguardias en el Perú

Cuando se habla de vanguardismo en el Perú, se habla de un movimiento hete­rogéneo, de la unión entre lo estético y la renovación social que verá sus frutos en el origen de revistas y poemarios que circulaban en los campos literarios como Amauta, Boletín Titikaka, Poliedro, Timonel, entre otros. Este movimiento no nació en Lima, sino surgió en lugares de provincia que no eran los centros como Puno4, Arequipa y Cuzco. Es decir, los andes fueron los núcleos de irra­diación política que guiaron este proyecto de renovación estética. El protago­nista fue el indio visto no como objeto de estudio sino como sujeto activo. Esta generación nueva de literatos creyó y luchó por una reivindicación de la figura del indio; es decir, la vanguardia respaldó la reconstrucción peruana sobre la base del indio manifestándole así su enérgico apoyo. El vanguardismo peruano entonces nació en los versos. Al poeta, no le bastó solo traer un mensaje nove­doso, sino que, además, albergó técnicas y lenguajes renovados en su creación.

La derogación del viejo andamiaje retórico –remarca certeramente Orrego– no era un capricho o arbitrariedad del poeta, era una necesidad vital. Cuando se comienza a comprender la obra de Vallejo, se comienza a comprender también la necesidad de una técnica renovada y distinta. (Flores y Portocarrero, 2005, pp. 345-346)

Esto demostró que la vanguardia peruana no sólo desplazó al lenguaje ador­ nado que seguía los patrones y modelos peninsulares, sino que, además nació una nueva corriente genuina que tuvo un compromiso y una posición frente al contexto que se vivía por aquellos años. José Carlos Mariátegui en su artículo «Arte, revolución y decadencia» (1926) enfatizó su postura frente a esta nueva corriente. Mariátegui afirmaba que no todo arte nuevo era revolucionario, ni era verdaderamente novedoso; es decir, sólo si había una transformación en la técnica, en el mensaje y en el espíritu del creador se podría considerar como arte nuevo. Además, sostenía que en el artista existían dos fuerzas en conflicto la revolución y la decadencia, pero sólo una predominaba.

La distinción entre las dos categorías coetáneas de artistas no es fácil. La decaden­cia y revolución; así como coexisten en el mismo mundo, coexisten también en los mismos individuos. La conciencia del artista es el circo agonal de una lucha entre los dos mismos espíritus. La comprensión de esta lucha, a veces, casi siempre, escapa al propio artista. Pero, finalmente uno de los espíritus prevalece. El otro queda estrangulado en la arena. (pp. 18-22)5

En esta cita se evidencia que, para Mariátegui, el sentido de la revolución no sólo consistía en la creación de una nueva técnica ni en la destrucción de una técnica ya existente, sino que también comprendía la ruptura con el mundo burgués, en la crítica y repudio del mundo capitalista. Además, sostenía que el hombre debe luchar por algo y debe creer en algo; es por ello que el artista no debe separar el arte de la política, ya que de manera consciente o inconsciente el artista se nutre siempre de su época. Así, discrepa de Huidobro, para quien el arte y la política eran independientes el uno del otro.

La poética de Oquendo

José Luis Ayala (1998), reconocido biógrafo de Oquendo, sostiene, tomando en cuenta la postura de Mariátegui frente al arte, que el Amauta no veía en Oquendo a un exponente de la vanguardia. Esto debido a que en el séptimo ensayo titulado «El proceso de la literatura» (2014 [1928]), Mariátegui no lo menciona y nombra allí a quienes sí consideraba como los principales escrito­ res vanguardistas del Perú. Esto parece ser singular, ya que las primeras publi­caciones de Oquendo6 aparecieron en Amauta, revista cultural de renovación artística e ideológica, dirigida por el propio Mariátegui, y donde se evidencia el estrecho vínculo entre literatura y socialismo. Asimismo, Carlos Oquendo de Amat, en 1927 publicó su único poemario 5 metros de poemas,7 bajo el sello de Minerva, editorial también dirigida por Mariátegui.

La afirmación de Ayala tendría bases en la correspondencia que mantenía el Amauta con Xavier Abril, poeta radicado en España. En la carta de respuesta que le envía Mariátegui confirma que ha incluido en la revista Amauta8 creacio­nes nuevas por recomendación suya; a ello añade, que no conoce con exactitud a los nuevos poetas y deja en claro su postura frente a lo que él considera la función del arte y el artista.

No crea Ud. que me dejo influir por sugestiones de grupo o de personas. No conozco cabalmente a todos los nuevos, pero me parece difícil que alguno de ver­dadero y revelado valor no tenga su sitio en mi estimación. Mas no puedo ser un crítico agnóstico. Rechazo la idea del arte puro, que se nutre de sí mismo, que conoce únicamente su realidad, que tiene su propio y original destino. Este es un rito de las épocas clásicas o de remansamiento; no de las épocas románticas o de revolución. Por esto, entre un ensayo vacilante, pero de buena procedencia de épica revolucionaria, y un mediocre producto de lírica de exorbitante subjeti­vismo, prefiero siempre al primero. (Melis, 1984, s. p.)9

Entonces, frente a ello es posible afirmar que Mariátegui no vio en la poesía de Oquendo el nacimiento de una creación nueva y transformadora. A ello se suma la opinión de diversos críticos y estudiosos donde señalan que 5 metros de poemas es un libro original y novedoso; sin embargo, en sus versos no se evidencia ese compromiso transformador al cual Mariátegui hacía referencia, ni esa irrupción ni rechazo al mundo burgués; al contrario, pareciese que le rinde cierto homenaje a la modernidad, a la tecnología sin manifestar una postura crítica; como sostiene Campuzano (2007) «Es el canto del hechizado por las novedades que aparecían en 1920» (pp. 299-231). Sin embargo, cabe señalar que si observamos los poemas de Amat de manera detallada, podríamos encontrar, en algunos versos, un tenue aire de crítica a esa nueva cotidianeidad que con el tiempo se vislumbraría en la militancia del poeta en el movimiento político que lideró Mariátegui. Lo dicho se puede observar en los primeros versos de «poema del manicomio», escrito en 1923:

Tuve miedo

y me regresé de la locura

                           Tuve miedo de ser

                                                                     una rueda   

                                                                                                un color

                                                                                                                     un paso

                                                                                                                                              (Oquendo, 2007, s.p).

El yo poético no sólo vislumbra su miedo de enajenación frente a todo lo nuevo que trae la modernidad, sino que también lo transmite al lector. Pareciese ser una crítica, un grito desesperado provocado por el ritmo angustiante que presenta el nuevo estilo de vida, característica propia del modelo capitalista. Lo mismo sucede en los versos del poema «réclam»: «El policeman domestica la brisa/ y el ruido de los clacksons ha puesto los vestidos azules» (s. p). Oquendo, dibuja en sus versos una ciudad caótica donde el ruido de los cláxones irrumpe la tranquilidad y la armonía. Lo mismo sucede en los primeros versos del poema «New York»: «Los teléfonos /son depósitos de licor» (s.p). Se observa, nueva­ mente, la alusión a la vida acelerada donde demuestra que esa agilidad trans­ forma al hombre en un ser que sólo produce; hace referencia a una vida mecánica donde el hombre es atrapado por el vicio a manera de escape. En los siguientes versos finales del mismo poema: «(porque habrán disminuido los hombres 25 centímetros / y andarán oblicuos sobre una pared)» (s. p). Aquí, además, el yo poético pone en evidencia cómo esta nueva forma de vida despoja al hombre de su condición humana.

En 5 Metros de poemas Oquendo nos advierte también la presencia del pai­saje, del mar, de la simpleza de la vida; como disfrutar del aire, de la luna; de una vida plácida y tranquila en contraste con el modelo de vida moderna que ofrece el capitalismo. En relación a ello, Barrera (2009) señala que se evidencia clara­ mente, la crítica hacia la modernidad. Se observa a un Oquendo regresando, así, a sus raíces, añorando Puno; es decir, no rechaza ni desplaza rotundamente el cambio, sino que se acerca a los paisajes rurales, de una vida tranquila, apa­cible. Sin embargo, ese juicio que hace mención Barrera, sobre la postura del poeta frente a lo nuevo, es evidente; pero de forma tenue a diferencia de la posición tajante de Mariátegui. Tal vez fuese por la personalidad de Oquendo en sus primeros años.

Valero (2008) menciona que en la poesía de Oquendo se vislumbran los matices surrealistas. Ello, debido a que el joven poeta, junto a Xavier Abril,10 visitaban asiduamente a Mariátegui, quien en 1923 había llegado a Lima después de su viaje a Italia, trayendo e introduciendo el surrealismo al Perú. Los poetas Mirko Lauer, Abelardo Oquendo, Antonio Cillóniz, también lo sitúan junto a Moro y Westphalen, como poeta surrealista.11

En su poesía se pueden distinguir también algunos rasgos que hacen refe­rencia a los elementos propios del movimiento futurista, por ejemplo al mencio­nar ciudades cosmopolitas como Nueva York, París, Amberes, Viena, así como la tecnología, el ascensor, el teléfono, el automóvil, el cine; y los deportes, el ciclismo, el golf, todo en su conjunto como símbolo de una nueva forma de vida. Sin embargo, cabe resaltar que Oquendo, cuando escribió su poemario, sólo había vivido en Puno y Lima; él nunca había viajado o visitado ninguna de esas ciudades. En sus versos, como menciona Valero, se observa también gran influencia del ultraísmo español, la presencia de los dadaístas y los surrealistas como Breton, Tzara, Eluard, Mallarmé, Rimbaud, Apollinaire y Eguren.

Cabe señalar que la supervivencia de la obra de Oquendo a lo largo de los años se debe a que no perteneció sólo a una época específica de vanguardia pura, sino que el poeta representa al exponente modernista visto desde el matiz hete­rogéneo que representaba el vanguardismo en el Perú. Al respecto, el poeta Belli (2005) afirma que «Oquendo de Amat resulta un fiel exponente de la modernidad; en sí un panvanguardista a carta cabal» (pp. 16-17). Partiendo entonces de esta afirmación, Oquendo innova presentándonos un libro objeto como si fuese una fruta, tal cual lo definiría él mismo (1927) en la primera hoja del poemario «abra el libro como quien pela una fruta» (s.p). Además de ello, el uso de caligramas permite al lector realizar una lectura ágil a través de imágenes en movimiento.

Oquendo y la revolución

Entre los años de 1929 y 1935, después de la aparición de 5 metros de poemas, Oquendo siguió publicando algunas creaciones sueltas;12 sin embargo, fue en estos años cuando se intensificó su participación en el Partido Comunista Peruano (PCP)13 para luego definirse y dar paso a su militancia activa. Esta deci­sión fue desarrollándola a partir del ejemplo de su padre,14 y se fue incremen­tando con sus diversas lecturas. Su estrecha relación con José Carlos Mariátegui fue también decisiva.

Se conoce que en 1929 Carlos Oquendo de Amat viajó a Bolivia, donde fue encarcelado y deportado por sus ideas políticas. En 1934, después de la muerte del amauta, Oquendo partió a provincia y se desempeñó como secretario regio­nal del partido en Arequipa; así también viajaría a otras provincias como Juli ubicada en Puno. Allí, su participación consistía en dar charlas, repartir volan­tes, reunirse con los obreros, entre otras actividades del partido que iban en con­tra de la dictadura militar de Luis Sánchez Cerro y Óscar Benavides. En 1935, un año después, fue deportado a Panamá. Se conoce también que estuvo en varios países de Centroamérica como Costa Rica, así como en México hasta termi­nar su corta existencia en España. Por esta militancia tan activa que tenía y por los riesgos que implicaba ello, Campuzano (2007) asegura que hubo un quiebre entre la poesía y la política.

Sin embargo, surge la pregunta; ¿ese corte fue tajante? La respuesta podría ser que para Oquendo la poesía no murió: estaba viva, sólo que había tomado otra apariencia, ya que, para un alma sensible, que vive y siente en poesía, es algo que no puede desaparecer rotundamente. Carlos Meneses,15 otro gran estudioso y admirador de Oquendo de Amat, consideraba –aunque no hay prueba de ello­– que cuando terminaba su accionar político, y el poeta se encontraba inmerso en la soledad, cabía la posibilidad de que las musas lo visitaran, agarrara lápiz y papel y se dejara atrapar por ellas. Sin embargo, de esto no hay ninguna eviden­cia certera que nos permita aseverar esta hipótesis, ya que cuando falleció no se encontró ningún escrito suelto.

Entonces, este hecho nos lleva a relacionar lo dicho por el escritor Arturo Corcuera en la revista Malvario16 (2003) en ella a modo de anécdota narra los infortunios que sufrió la tumba de Oquendo de Amat, así como todos los esfuer­zos realizados para que el poeta no quedase en el olvido y la respuesta del sepul­turero sobre los últimos escritos donde afirma que Oquendo, dentro de las cosas que dejó estaba su ropa y un cuaderno lleno de escritos; cabe resaltar que no hay evidencia de nada; sin embargo, existe la posibilidad de creer que Meneses tenía razón al suponer que en su soledad el poeta escribía. Sin embargo, este hecho nos conlleva a cuestionarnos, tal como lo hicieron Corcuera y otros escritores que se encontraban conversando con el sepulturero,17 ¿qué fin tuvo ese cuaderno y las pertenencias de Oquendo? La respuesta es que todo lo que había estado en contacto con el poeta fue incinerado, debido a que Oquendo murió de tubercu­losis, enfermedad muy contagiosa de la época.

En efecto, al no encontrar prueba alguna, es evidente considerar que la poesía acompañó a Oquendo en sus primeros años de vida; pero cuando llegó a conso­lidar sus pensamientos políticos, ideológicos y revolucionarios, ya sea conven­cido o desilusionado por la poesía, porque tal vez no veía en ella el medio con el que podía lograr una revolución, se origina la separación. Entregándose de lleno a la militancia, a la actividad política; iniciando así su lado romántico, propagandista de izquierda y sellando así los límites entre el poeta y el político.

Este quiebre se puede ver en este poema titulado «poema de la niña y de la flor»18 publicado en 1929, luego de la publicación de 5 metros de poemas. Aquí los versos: «Sostengo dulcemente tu peso como brisa sobre una flor / bajará un ángel por tu forma la mañana suena las golondrinas de los árboles / como cuando se caía la sortija de tu voz en el patio / a la orilla de tu piel hay un canto crecido / doy vuelta a mi pregunta la geografía es sentimental / inmersa en el estanque se abre tu sonrisa repetida / la Torre Eiffel a tu lado flor geométrica para los poetas puros» (p. 56). En ellos se observan los símbolos de la moder­nidad, ciudades cosmopolitas como la Torre Eiffel; los paisajes de la naturaleza y la forma de la ciudad. Oquendo nos transmite desde su yo poético, un poema «puro» alejado del compromiso o crítica social. Eva Valero (2015) subraya al res­ pecto: «Y tratándose de uno de sus últimos poemas, publicado en 1929, cuando seguramente ya había decidido el abandono de la poesía, estos versos sellan la frontera infranqueable entre el poeta y el político» (p. 315). Según esta afirma­ ción se puede ver que para Oquendo no hubo matices ni puntos medios entre la poesía y la política. El poeta murió a los 31 años en un hospital de Navacerrada en Madrid en el año 1936, a comienzos de la guerra civil española.

Oquendo hoy

La figura de Carlos Oquendo de Amat y su obra fueron rescatados del olvido el 10 de agosto de 1967 luego del discurso que pronunciara Mario Vargas Llosa tras recibir el Premio Internacional Rómulo Gallegos19 por su obra La casa verde. En este manifiesto, el premio Nobel menciona haciendo referencia al poeta «Su vocación no era admirada por la sociedad, apenas tolerada; no le daba de vivir, hacía de él un productor disminuido y ad-honorem». Como vemos, Mario pre­senta la figura de Oquendo de Amat como aquel poeta emblemático, intelectual, que fue fiel a sus ideales y principios, que luchó por las causas justas, asumiendo un compromiso social, sin tener en cuenta su salud que ya venía resquebrajada.
Si bien es cierto, Vargas Llosa (1967) no sólo establece una especie de comparación entre él y la figura del poeta, sino que, además, la relaciona con todo aquel joven latinoamericano que se deja conquistar por el camino de la escritura:

Porque, además de no dar sitio en su seno a la literatura, nuestras sociedades han alentado una desconfianza constante por este ser marginal, un tanto anónimo que se empeñaba, contra toda razón, en ejercer un oficio que en la circunstancia latinoamericana resultaba casi irreal. Por eso nuestros escritores se han frustrado por docenas, y han desertado su vocación, o la han traicionado, sirviéndola a medias y a escondidas, sin porfía y sin rigor. (p. 26)

En un inicio, la obra fue incomprendida en su época, ya que fue poco valorada y estudiada por los críticos. A ello se suma la figura prácticamente desconocida y mítica del autor debido a su temprana muerte20 y a los pocos datos existentes que eran conocidos sólo por un cierto grupo de entendidos en el tema. Finalmente, se podría decir que la vida le hizo justicia y a partir de la mención de Vargas Llosa, el florecimiento apareció, considerando así a la obra de Carlos Oquendo de Amat, 5 metros de poemas, como la revelación poética más innovadora de las tres últimas décadas del siglo XX y con ello abriendo el camino para posibles investigaciones.

Es así que en 1972 el investigador, Carlos Meneses, cinco años después del emotivo discurso de Vargas Llosa, se dedicó a estudiar la vida y obra del poeta puneño, localizando, su tumba y resolviendo los mitos y creencias que se habían tejido alrededor de Oquendo de Amat. A este estudio se unirá después el escritor José Luis Ayala con su libro titulado Carlos Oquendo de Amat, 21 en ella, su autor viaja en el tiempo y hace una búsqueda exhaustiva tras los pasos del poeta, sus orígenes y raíces.

Hasta nuestros días, llega la figura de Carlos Oquendo de Amat en su posición de poeta, de hombre creador que a pesar de sus cortos años y de su azarosa vida, irrumpe nuestro tiempo y llega hasta nosotros como un modelo de libertad tanto en la creación y en lo político. Oquendo con su única obra 5 metros de poemas y con su corta existencia nos invita a reflexionar, a detenernos, a mirar la relación que se entreteje entre el poeta y el hombre. Es decir, un Oquendo creador de versos genuinos, libres, puros; y a su vez la imagen del hombre que se identifica con los pedidos de los obreros, que lucha, que se identifica con una causa o tal vez con sus propios infortunios que le tocó vivir. Dentro de este marco, ambas formas de actuar y según el estudio realizado en este artículo generarían en el poeta puneño un conflicto en el que una posición tal vez ganó a la otra, sin que esta haya desaparecido completamente.

Es así que Oquendo llega a aparecer de manera dual como el poeta y el político; era el creador del verso, del juego de las palabras, de las formas, pero a su vez el intelectual comprometido con las causas de la revolución, pese a no tener la certeza si saldría vencedor o no. Ahí es donde la obra muchas veces juega un papel importante de desahogo hacia la libertad, y puede en ocasiones ser subestimada. Por ello, Oquendo es el claro ejemplo de quien es rechazado por su entorno; pero, o la vez, su figura, también es quien denuncia esa indiferencia de una sociedad imperceptible frente al arte, a un entorno que castiga a quien decide seguir sus principios, sus ideales.

Finalmente queda en nosotros valorar a Carlos Oquendo de Amat como aquel hombre que ofreció su vida por amor al arte ya la justicia llegando a inmolarse. Sin embargo, ni su recuerdo forjado en la imagen del poeta y héroe desaparecerá, ni su obra; mientras se siga conociendo, promoviendo, difundiendo su obra y realizando estudios posteriores que conlleven a nuevas luces.

 

 NOTAS.- 

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2 Las luchas estudiantiles tenían influencia con las protestas de otros sectores sociales como el movimiento obrero y la fundación de partidos políticos. Asimismo, estos grupos se apoyaban mutuamente. Fue una generación consciente con un rol social y político activo.

3 Conversación entre José Carlos Mariátegui y Manuel González Prada tomada de la obra: «Escritos juveniles». Tomo III: Entrevistas, crónicas y otros textos. Empresa Editora Amauta, 1991, pp. 19-22.

4 Puno al ubicarse más cerca de la frontera con Argentina recibía los artículos, noveda­ des, revistas antes que Lima. Ello ayudó a que sea Puno el lugar de difusión de las nuevas ideas de creación.

5 Texto extraído en la versión corregida por el autor en El artista y la época. Lima, Editorial Minerva,1980, pp.18-22.

6 Las primeras publicaciones que aparecen en la revista Amauta son los siguientes: «Poema» (en año II, núm. 5, enero 1927, p. 26.); «Jardín» (en año II, núm. 8, abril, 1927, p. l.);

«New York» (en año II, núm. 10, diciembre 1927, p. 48.); «Madre» y «Poema al lado del sueño» (en año III, núm. 12, febrero 1928, p. 22 y p. 30.)

7 Es el único poemario publicado por Carlos Oquendo de Amat. Fue escrito entre los años de 1923 y 1925. Es una obra compuesta por una especie de acordeón de una sola hoja con componentes cinematográficos que se extienden como una película; en ella hay intermedios de tiempo a modo de imitar a las películas de esa época. Oquendo instauró la creación del libro-objeto; creando así un poemario original con imágenes que incitan a admirar la belleza y el cambio. Publicó sólo 30 ejemplares por deudas con el taller.

8 La Sociedad Editora Amauta fue fundada en Lima un 12 de marzo de 1928 a través de un Acta de la Junta General de Accionistas por José Carlos Mariátegui y Ricardo Martínez de la Torre. La Sociedad Editora Amauta tuvo como fin publicar la Revista Amauta y editar otras ediciones que devinieran con el nombre de Biblioteca Amauta. Asimismo, sirvió para otros fines como: publicidad, bibliografía y edición.

9 Carta de José Carlos Mariátegui a Xavier Abril, correspondiente al 6 de mayo de 1927. Tomada del Archivo José Carlos Mariátegui. La carta se publicó en Melis (1984), Correspondencia: José Carlos Mariátegui, tomo J. Lima: Biblioteca Amauta.

10 Carlos Meneses (1973) menciona que la amistad entre Abril y Oquendo podría haber nacido alrededor del año de 1923 en el patio de letras de la Universidad San Marcos. Ambos tenían la misma edad, los mismos gustos, abrazaban los mismos ideales estéticos y políticos.

11 Germán Belli, en su artículo «El surrealismo en el Perú» (1993), afirma que este movimiento llega al Perú gracias a la figura de José Carlos Mariátegui en 1926, quien luego de su regreso de Italia funda la revista Amauta. En ella apuesta por escritores noveles impresionados por este nuevo movimiento (p. 197).

12 Los poemas sueltos al que se refiere son «Poema surrealista del elefante y del canto», «Poema de la niña y de la flor» apareció en la revista Amauta, año III en el núm. 20, enero de 1929, p. 22 yp.30. Asimismo, el poema «El ángel y Jarosa» aparecerá también en Amauta, año III en el núm. 21, febrero-marzo de 1929, p. 55 y p. 56.

13 El Partido Comunista Peruano fue fundado el 7 de octubre de 1928 por un grupo mar­xistas conocidos como: «El grupo de Lima»; en sus orígenes se llamó Partido Socialista Perua­no; el cual, según las ideas de Mariátegui, fundador de este partido, proponía ser un partido original que pudiese ser aplicado según la realidad de cada país latinoamericano, teniendo en cuenta principalmente al obrero y al campesino. Tras la muerte de Mariátegui, Eudocio Ravines, asumió la dirección del partido y se convirtió en Secretario General. El nombre fue cambiado en 1930 bajo acuerdo y Sesión Plenaria del Comité Central desarrollada el 4 de marzo de ese año, evento presidido por Mariátegui, oficializándose así, su adhesión al movi­miento internacional comunista.

14 Carlos Oquendo Álvarez, padre del poeta, estudió medicina en París y se nutrió de todas las ideas revolucionarias que acontecían en Francia a ello sumado su vocación lo con­vertirán en un hombre activamente político que defendía al indio y al obrero. Llegando a ser diputado de la Cámara en Lima entre los años de 1912 y 1918.

15 Carlos Meneses uno de sus principales biógrafos de Oquendo de Amat, se refiere a estas inferencias en su libro «Tránsito de Oquendo de Amat», Las Palmas de Gran Canaria, Inven­tarios Provisionales de 1973, p. 26.

16 Malvario es una revista argentina de literatura y arte. Esta revista ofrece en cada número desarrollar a un autor o contenido a través de una minuciosa recopilación de cartas, artículos, anécdotas, testimonios o estudios entre otros. El número que pertenece la anécdota de Arturo Corcuera hace referencia al primer número. Texto extraído de la revista Malvario, Buenos Aires, núm. I, 2003, p. 112.

17 En 1971 el investigador Carlos Meneses encontró la tumba de Oquendo y logró localizar al sepulturero cuyo sobrenombre era Vendrín, quien lo llevó hacia donde se encontraba la tumba del poeta y le narró el momento final del entierro el cual ha sido registrado en su libro Tránsito de Oquendo de Amat. Las Palmas de Gran Canaria, Inventarios Provisionales de 1973.

 18 Poema publicado en la revista Amauta, Lima, núm. 20, el 20 de enero de 1929, p. 56.

19 El Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, fue creado en 1964 por el pre­ sidente Valenzuela Raúl Leoni; con la finalidad de honrar y estimular la creatividad de los escritores de habla castellana. El 10 de agosto de 1967 en su primera edición, el escritor pe­ ruano Vargas Llosa fue anunciado como ganador del premio, luego que su novela «La casa verde» pasara por la revisión de 13 críticos de América Latina. Originalmente la ceremonia de entrega del premio estaba preparada para el 2 de agosto fecha en la que era el cumpleaños de Rómulo Gallegos; sin embargo, la ceremonia se postergó; debido a que un terremoto de 6.7 grados asoló la capital venezolana el 29 de julio. 

2o Carlos Oquendo de Amat falleció el 6 de marzo de 1936 faltando dos meses paracumplir 32 años.

21 El estudio fue tan minucioso que la revista argentina Malverio le dedica su primer número a Carlos Oquendo de Amat en 2003.

 

Referencias

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FUENTE:

https://indd.adobe.com/view/dd29590b-ccfc-4192-874c-9bd0ae8da112 Recuperado el 13-01-2024

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