Olivier Dollfus: el reto del tiempo andino

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1. Olivier Dollfus ha pasado su vida explorando y describiendo el mundo y sus cambios. Lamentablemente, en 1998, un accidente cardíaco limitó sus posibilidades de desplazarse y le impidió seguir escribiendo. Afectado de forma duradera en esta doble presencia en el mundo, no por ello ha dejado de mantenerse atento al devenir de las personas, a la riqueza de las ideas y a la diversidad de los lugares. Y muy especialmente a aquello que tiene que ver con los Andes.

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“Vivir el mundo pensándolo” fue el hilo conductor de un encuentro científico sobre su persona y su obra, organizado en 1999, en la Universidad de París VII de la cual es Profesor Emérito, en el que participaron colegas y amigos provenientes de todos los horizontes científicos y geográficos. Esta reunión fue un momento privilegiado para reflexionar juntos y hacer un balance sobre marcos de pensamiento y de acción. En esta oportunidad, nuestro propósito con el presente libro es poner a la disposición del público andino en general y de los especialistas de los Andes —y por consiguiente en castellano— un conjunto de textos y de referencias sobre sus ideas y su persona. Para quienes lo conocemos, pero también para muchos otros que no lo conocen personalmente, tanto sus obras como sus métodos de trabajo siguen siendo una fuente de inspiración fecunda y estimulante. Este volumen busca dar testimonio de la pertinencia y de la actualidad de su pensamiento y de supráctica, y compartirlos con todos aquellos que, en condiciones a menudo difíciles, tratan de comprender el mundo desde los Andes.

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Todos los que colaboran en esta obra han trabajado directamente con Olivier Dollfus, han estudiado bajo su dirección, han participado en programas comunes de investigación, han recorrido los terrenos andinos y dialogado con él. Todos han frecuentado el departamento de la Rue Royale, tanto para entrevistas cortas pero eficaces como para desayunos o almuerzos de trabajo. Todos han participado en la cita anual de la Andinade, encuentro ritual y acogedor en torno a un buffet ofrecido por Claire y Olivier, que se realizaba en general después de la reunión del Consejo Científico del IFEA. Todos han tejido lazos de amistad a pesar de las diferencias de edad y de las especialidades disciplinarias. Sin embargo, en la región de los Andes trabajan otros investigadores que no han tenido esta relación tan cercana con Olivier; a ellos les pedimos que tengan a bien disculparnos el haber optado por reunir en un volumen, en el que se mezclan lo científico con lo afectivo, las contribuciones de sus “allegados” deseosos de poder manifestarle su afecto.

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Otra de las razones de esta edición es continuar con la difusión del resultado de estos diálogos y mostrar hasta quépunto las preocupaciones de Olivier Dollfus se abren camino en la investigación actual, demostrando la fecundidad de sureflexión sobre el mundo a partir de una profunda comprensión de los Andes y de sus sociedades. En efecto, desde 1957 estas sociedades constituyen el núcleo duro del pensamiento científico de Olivier Dollfus, aunque él no se limitó a ellas y recorrió con la misma sensibilidad otros lugares montañosos y otros horizontes del planeta. Como escribe Jean Bourliaud, “sólo él podía tener por lo menos tres vidas, tantas como los grandes continentes montañosos, los Andes, los Alpes y el Himalaya. Sólo él podía hacer de bisagra, llevar consigo los otros continentes cuando recorría uno de ellos, y además, su preocupación por el Mundo.”

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Si Olivier Dollfus ha “hecho escuela”, si sus ideas son invalorables y nos orientan actualmente para proseguir en este esfuerzo de comprensión del mundo, es porque sus caminos nunca han sido solitarios. Todo lo contrario, su rol ha sido decisivo en la construcción de una investigación que favorece y estimula la colaboración entre científicos franceses y andinos, entre investigadores profesionales y estudiantes, muy particularmente dentro del marco del Instituto Francés de Estudios Andinos del cual ha sido uno de los pilares desde fines de los años 1950. En tanto que actor atento, nunca ha dejado de apoyar a la institución y de acompañarla en su evolución. Tan es así que a partir de la creación, en 1973, del puesto de director residente en Lima, sus sucesores en la dirección del IFEA recibían por valija diplomática la “carta semanal” que Olivier Dollfus les dirigía para informarse de la actualidad andina, tanto general como académica e institucional. Esta carta invitaba a cada cual a poner orden y coherencia en las ideas y en los proyectos, a observar las situaciones y a dar cuenta de ellas con acrecentada agudeza, a definir prioridades y ¡ a lograr resultados!

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Pero recorramos brevemente la dimensión andina de su impresionante trayectoria. En junio de 1957, a los 26 años, Olivier Dollfus llegó por primera vez al Perú para ocupar interinamente el cargo de Consejero Cultural y de Cooperación de la Embajada de Francia en Lima y ejercer una cátedra en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Después, como Jefe del Servicio Cultural y de la Misión Universitaria, residió durante cinco años en el Perú, compartiendo su tiempo entre la Embajada, la Universidad —donde promovió investigaciones pluridisciplinarias sobre las sociedades rurales con sus colegas peruanos, etnólogos e historiadores— y los Andes centrales a los que dedicó la mayor parte de su tiempo libre estudiando su geomorfología. Luego de dos años en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), en 1966 sustentó dos tesis consagradas al Perú, una, la principal, sobre la geomorfología de los Andes Centrales y de sus piedemontes y la otra sobre el estudio del desarrollo del Perú (cf. bibliografía). En 1967 fue elegido profesor en la Universidad de la Sorbona y también director no residente del Instituto Francés de Estudios Andinos, función que cumplió hasta 1972. Su mandato estuvo marcado por el impulso decisivo que le dio a esta institución fundada en 1948, con su visita anual a la región andina durante el invierno austral, mediante el nombramiento de investigadores becados en Ecuador y en Colombia y con la creación del puesto de director residente en el Perú en donde le sucede Pierre Usselmann en 1973. Su inagotable interés científico e institucional por el mundo andino nutrió sus enseñanzas en la Universidad de París VII, respaldadas por numerosas misiones y por la participación en numerosos proyectos y programas. Las responsabilidades institucionales que asumió en los años 1970, en diversos Comités del Ministerio de Asuntos Exteriores o del Ministerio de Investigación, estimularon el lanzamiento, la gestión y la evaluación de investigaciones pluridisciplinarias, en los Andes y en otros lugares, en las que participaron agrónomos, ecólogos, sociólogos, historiadores y geógrafos, dedicados a promover una mejor gestión de los medios naturales en función de las opciones de producción. Durante los años 1980, desde diversas entidades, contribuyó en armonizar y desarrollar la investigación francesa bajo la forma de cooperación científica particularmente desde 1982 hasta 1992 en calidad de Asesor del Ministerio de Asuntos Exteriores. Esta actividad tuvo importantes repercusiones en el ámbito andino.

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No se trata de hacer un bosquejo de más de cuarenta años de una vida profesional densamente llena, marcada por escritos en su mayoría esenciales como lo demuestra la extensa bibliografía adjunta —¡únicamente referente a los Andes!— sino de traer brevemente a la memoria, la diversidad y la amplitud del aporte científico de Olivier Dollfus, respecto de los cuatro grandes campos que estructuraron sus investigaciones:


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Fig. 1 – Diálogo interdisciplinario en Acos admirando lospaisajes andinos.
“Más que un maestro que impone su doxa, Olivier Dollfus fue antes que nada un irremplazable introductor de investigadores al campo andino, que él conocía y explicaba muy bien, a su manera, a quien quisiera acompañarlo, escucharlo y supiese reaccionar frente a sus palabras de manera inteligentemente crítica. ” (Jean Piel)
(Valle de Chancay, a inicios de los años 1980. Foto I. Lausent-Herrera)
la geografía física de las grandes montañas tropicales y subtropicales, con sus estudios tanto sobre la sucesión de las glaciaciones y de los períodos interglaciares y los efectos en cadena de los cambios climáticos cuaternarios sobre las grandes vertientes andinas como sobre las deformaciones cuaternarias de los volúmenes rocosos y sus consecuencias geomorfológicas.
El devenir de los campesinados de la cordillera, con sus estudios sobre la capacidad de adaptación de las sociedades campesinas y su aptitud a la innovación, en un contexto de creciente desvalorización de los espacios montañosos.
La emergencia del Sistema Mundo, con sus estudios sobre las dinámicas de un sistema que engendra, a nivel planetario, crecimientos diferenciales únicos en la historia de la humanidad, que produce diferencia y borra la diversidad en un proceso dialéctico de globalización y de segregación.
La reflexión sobre la geografía y sobre el espacio geográfico, particularmente en relación al aporte del análisis de los sistemas y del uso de los niveles de escalas.


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Olivier Dollfus no habría podido desarrollar una carrera semejante ni producir una obra de esta importancia sin una paleta de cualidades que algunos de nosotros hemos querido destacar en varios de los textos reunidos aquí. Mencionemos la gestión del tiempo y el sentido del diálogo, la práctica y el uso del campo y la capacidad de síntesis. A la hora de hacer un balance es definitivamente fundamental poner de relieve su capacidad de dominar el tiempo, incluso pegando un sacudón a aquellos, bastante numerosos, que tienen una conciencia más laxista de su paso. De otra manera, ¿qué explicación dar a todas esas cartas dirigidas, con ritmo sostenido, a los directores del IFEA, a los investigadores, a todos sus estudiantes; esas citas cronometradas pero repetidas en la Rue Royale; esas expediciones al campo en los Andes, llevadas a cabo conrudeza, que siempre permitían dar prioridad a los momentos clave de los encuentros con los campesinos, los dirigentes y los diversos actores, y no a las preocupaciones cotidianas que de ordinario absorben en demasía gran parte de nuestra energía y de nuestro tiempo? Sin dejar de lado las publicaciones que venían como corolario, redactadas sobre la marcha, para ir a lo esencial, sin excesiva obsesión por los detalles pero con el afán constante de hacerse comprender bien. Como Jean Bourliaud dice, “su actividad era antes que nada un desafío al tiempo, una carrera calculada, una tensión de llenado que buscaba matar el tiempo muerto, para capturar la información”.

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Esta capacidad de distribuir el tiempo le permitió a Olivier Dollfus estar particularmente atento a todos los actores que se presentaban en su camino y a buscarlos, desde el más modesto de los campesinos de los Andes hasta el interlocutor de más alta jerarquía como el presidente de la República del Perú don Fernando Belaúnde Terry. Y aun cuando el intercambio pudiese tener a veces algo de rudeza, a Olivier Dollfus le gustaba dialogar no sólo con los múltiples actores de los diferentes sistemas y lugares del mundo y naturalmente con sus colegas geógrafos, sino también con científicos provenientes de un gran número de horizontes disciplinarios y geográficos. A cada uno le prestaba igual atención porque “los saberes, el análisis de las estrategias sólo se adquieren con una vigilancia incansable (escuchar a los testigos, estudiar archivos de todo tipo) y mediante grandes cabalgatas ‘a pie, a caballo y en auto’ que permiten leer la naturaleza, los paisajes de los hombres, sus ideas en actos, para tener una percepción global que es la vida misma.” (Yves Saint-Geours)

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Así pues el diálogo se entablaba con mucha frecuencia en el campo en el que Olivier Dollfus como “caminante excepcional, daba la impresion que frecuentaba todos ‘los rincones’, que escuchaba a las personas tratando de comprender la naturaleza y complejidad de esos territorios tan diversos” (Vidal Pino Zambrano). Su doble interés por la práctica del campo “[recorrido] de manera rápida y al mismo tiempo rigurosa” (Jean Bourliaud) y por el cruce de miradas puestas sobre la realidad, tanto a partir de los puntos de vista de los actores como de aquellos de los diferentes observadores según su especialidad disciplinaria o temática, contribuyeron ampliamente en alimentar una excepcional capacidad de síntesis unida a una también notoria claridad pedagógica de la exposición. Estos dos talentos fueron muy bien percibidos y destacados, en particular por los colegas no geógrafos. Para el historiador Jean Piel, “más que un maestro que impone su doxa, Olivier Dollfus fue antes que nada un irremplazable introductor de investigadores al campo andino, que él conocía y explicaba muy bien, a su manera, a quien quisiera acompañarlo, escucharlo y supiese reaccionar frente a sus palabras de manera inteligentemente crítica”.


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Fig. 2 – Reunión cumbre en San Juan de Uchucuanicu.
“Olivier [Dollfus] prestaba la misma atención al más pobre que era capaz de explicar las estrategias infinitamente ingeniosas y a menudo trágicas de la supervivencia de los mundos que él atravesaba, así como a los actores mayores, a las élites o gobernantes.” (Jean Bourliaud)
(Valle de Chancay, a inicios de los años 1990. Foto J.-P. Deler)


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En una breve misiva que evoca una misión común realizada en 1982 en el valle del Cañete así como también algunas reuniones entre investigadores de los Andes y del Himalaya, Pierre Morlon, agrónomo del INRA (Instituto Nacional de Investigación Agraria de Francia), nos escribía que él “se acordaría siempre de tres aspectos de Olivier Dollfus: su capacidad exepcional de síntesis, a la vez que la humildad de los que, por ser grandes, no necesitan aplastar a los demás; finalmente, más inesperado, sus cualidades de narrador”.

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Semejante actividad, desbordante y organizada, de ninguna manera excluía la pausa, breve sin duda —por la apretada agenda— ni la contemplación “de los admirables paisajes de los Andes”, ni la zambullida recurrente en el tesoro de una memoria de la cual él sabía extraer esas historias vividas pintorescamente restituidas, con la precisión del detalle y el humor de la distancia. ¡Cómo no evocar también su aprecio por los sabores de la cocina andina, que ritualizaba ciertas etapas y las convertía en pasos obligados, en aceleradores de ritmo! ¡Las ganas de saborear un cebiche bien merecido frente al gran oleaje gris del Pacífico, a veces nos hicieron llegar a un restaurante de Chancay mucho antes que el personal estuviese en condiciones de poder servirlo! Hoy el ritmo ha cambiado y los Andes están demasiado lejos de la Rue Royale. Pero, con su curiosidad siempre alerta, Olivier Dollfus siempre está dispuesto a compartir con investigadores y profesores sumergidos en sus tareas, la admiración, la sorpresa o la interrogante que suscitan sus descubrimientos.

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Algunos de los textos aquí reunidos son testimonios entregados con un tinte personal, otros son artículos escritos de manera más convencional, sin embargo, todos sus autores tienen el anhelo de hacer comprender hasta qué punto los conceptos o las cualidades de Olivier Dollfus pueden servir como motivos de inspiración a todos los lectores inmersos en actividades académicas. Los textos emanan de una veintena de investigadores que pertenecen a varias generaciones y provienen de diversos horizontes institucionales: de las Universidades, del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), del Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD), de establecimientos agronómicos tales como el Instituto Nacional de Investigación Agraria (INRA) o la Escuela Nacional de Ingenieros de Trabajos Agrícolas de Clermont-Ferrand (ENITAC), del Ministerio de Asuntos Exteriores. Las disciplinas representadas son testimonio de apertura y de diálogo, cualidades que tanto aprecia Olivier Dollfus. Aunque la geografía se lleva la mejor parte y ello en sus dos vertientes de ciencia social y ciencia de la naturaleza, también están significativamente presentes las ciencias de la tierra, las ciencias económicas, las ciencias agronómicas y la historia. El orden del libro retoma las grandes intuiciones de Olivier Dollfus: primero el juego de las memorias, luego la dinámica de los cambios —con el análisis de la transformación de los sistemas— y finalmente la importancia de la exploración científica y geográfica, de la diversidad de enfoques y del diálogo interdisciplinario.

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En el prefacio Carlos Peñaherrera del Águila, amigo peruano de siempre de Olivier Dollus, subraya la imprescindible necesidad del trabajo de campo, del contacto “físico” con las realidades del territorio, recordando con humor los itinerarios efectuados a pie, a caballo, o por avioneta y hasta por helicóptero, “interrogando a los paisajes” desde las cuencas torrenciales y nevados de las cordilleras andinas hasta las orillas amazónicas del Huallaga.

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En la primera parte de la obra, Yves Saint-geours evoca la necesidad, para comprender la historia de los Estados nacionales andinos, de tomar en cuenta la superposición y la yuxtaposición de los espacios, de los tiempos y de las ideas. Pierre Usselmann recuerda la importancia y la actualidad de estudios referentes a la memoria de la naturaleza, diferente pero complementaria de la memoria de los hombres. François Mégard subraya el interés que tiene para los geomorfólogos la observación de los depósitos de superficie, necesaria para la cartografía geológica de los “terrenos nobles” del substrato. France-Marie renard-Casevitz analiza las relaciones que tienen con la naturaleza los pueblos horticultores arawakófonos, coautores de paisajes antropomorfizados de la selva virgen y de las sabanas, y destaca hasta qué punto la modernidad, en su versión extractora, desagrega sus sociedades, cuando no pretende excluir, en su versión conservacionista, a estos horticultores-paisajistas. Xavier Bellenger, basándose en el caso de la isla de Taquile, descifra los vínculos entre los rituales religiosos y la geografía sagrada, la estrategia de los chamanes y la configuración del dispositivo de los santuarios con el objetivo de concentrar en un solo lugar la fuerza de las divinidades circunlacustres. Jean-Joinville Vacher muestra la diversidad de las estrategias productivas de los campesinos bolivianos para valorizar la heterogeneidad ecológica de dos espacios vecinos, ya sea aprovechando el gradiente vertical en el valle de Ambana, o construyendo un mosaico de potencialidades agrícolas frente a los riesgos climáticos en el altiplano.

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En la segunda parte, para evaluar mejor el calentamiento contemporáneo en los Andes ecuatorianos, Bernard Francou consulta los relatos y las imágenes hechos por los viajeros científicos desde el siglo xviii con el afán de reconstruir el fin de la Pequeña Era Glaciar y la transición hacia la situación climática actual. Yves Poinsot examina, a la luz de estudios recientes, el modelo de valorización del gradiente altitudinal de las complementariedades ecológicas de montaña comparando su evolución con la valorización actual de otras formas de diferenciales geográficos. Évelyne Mesclier tomando como punto de apoyo los estudios de Olivier Dollfus, examina las formas de inserción del campesinado peruano en la historia actual del mundo globalizado dentro de las contradicciones que marcan las políticas gubernamentales de la última década. lausent-Herrera Isabelle muestra de qué manera la integración precoz y exitosa de la economía rural de Acos al mercado urbano puede traducirse veinte años después, en la lenta desaparición de la comunidad local, por falta de cambios profundos en las estructuras productivas e institucionales. Jean-Paul Deler subraya la atención que ha puesto Olivier Dollfus en la interacción entre los crecimientos demográfico, económico y urbano, y en su rol en el proceso de metropolización, hecho capital del siglo xx y resultado de la globalización. Pierre gondard, al analizar la evolución de las infraestructuras andinas de comunicación terrestre, diagnostica un cambio mayor en la instalación de una nueva red a escala del continente y en fase con la globalización. Nicole Bernex recordando que el territorio es el rostro humanizado del espacio, proporciona una lectura crítica del Plan Nacional de Desarrollo Territorial (2004-2013) del Perú cuyas opciones pueden generar fragmentación espacial y acentuar las desigualdades y las brechas territoriales.

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En la última parte, Josyane Ronchail evoca la necesidad de una cadena de interacciones entre las investigaciones conducidas en los campos andino y amazónico, en diferentes escalas y a partir de diferentes disciplinas, para llegar a una mejor comprensión de la variabilidad de las lluvias y sus consecuencias en los Andes tropicales. En la interfase entre ciencias agronómicas y geografía, Gilles Brunschwig hace un análisis de la evolución de los sistemas ganaderos de las cordilleras, basado en comparaciones diacrónicas así como entre los Andes y América Central. Jean Bourliaud subraya la fecundidad del diálogo entre el agrónomo preocupado por las políticas económicas y el geógrafo, diálogo alimentado por observaciones en campos compartidos y en un permanente afán por enmarcar y por contextualizar los hechos. Retrazando su itinerario de investigación sobre el turismo como revelador de las situaciones andinas, Nathalie Raymond pone en relieve la riqueza de la reflexión en términos de sistemas, necesaria para identificar en el campo a los actores claves y sus relaciones presentes o pasadas. Vidal Pino Zambrano muestra hasta qué punto el rigor y la objetividad de los análisis de Olivier Dollfus han contribuido en modificar la comprensión que tenían los andinos de sus propias sociedades, y le confiere la hermosa calidad de Amauta. Isabel Hurtado galván insiste sobre el aporte de una reflexión comparativa, preocupada tanto de similitudes como de particularidades, para comprender, lejos de todo egocentrismo, las fracturas sociales y las disparidades que afectan a las regiones periféricas de un mundo globalizado. Henry godard da cuenta, a través de su experiencia de investigador, de la exigente pedagogía de Olivier Dollfus, de la amplitud de su cultura y del campo de sus competencias que lo incitaban a poner un estimulante interés en toda investigación. Y Jean Piel rinde homenaje a su inteligente comprensión de la singularidad andina en el mundo así como de la presencia, al mismo tiempo, de la historia del mundo en los Andes, una inteligencia tanto más pertinente dado que su enfoque es deliberadamente comparativista, con ese afán constante de comparar el caso andino con otras situaciones regionales del mundo.

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Finalmente deseamos agradecer a las personas que colaboraron en la edición del presente libro con gran empeño y buen humor, particularmente a Anne-Marie Brougère, encargada de la edición y a Sandra Recarte quien asumió la traducción de los textos redactados en francés. Asimismo damos las gracias a todos aquellos que nos apoyaron y brindaron sus sugerencias, especialmente a Zaida Lanning, Gabriela Ramos y a Carmen Salazar-Soler quien tuvo la gentileza de realizar una lectura final del manuscrito.

TABLE DES ILLUSTRATIONS


Légende Fig. 1 – Diálogo interdisciplinario en Acos admirando lospaisajes andinos.
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Légende Fig. 2 – Reunión cumbre en San Juan de Uchucuanicu.
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AUTEURS

Jean-Paul Deler
Centre National de la Recherche Scientifique
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Évelyne Mesclier
Institut de Recherche pour le Développement
E-mail: mailto:Cette adresse e-mail est protégée contre les robots spammeurs. Vous devez activer le JavaScript pour la visualiser.
© Institut français d’études andines, 2004
Conditions d’utilisation : http://www.openedition.org/654

 

Conocí a Olivier Dollfus justo antes de conocer los Andes. En este caso, la “cadena de causalidad” fue inmediata, lineal y este doble encuentro transformó mi vida.

AUTEUR : Yves Saint-Geours
Ministère des Affaires Étrangères -FRANCE

De la misma manera, necesariamente al historiador le llama la atención el carácter, irreducible a cualquier otroacontecimiento de la historia del mundo, de lo que ha sido elcataclismo de la conquista: ciudades, Estados, Imperios —tantasestructuras que ordenan el espacio— habían sido creadas sin la rueda, sin la escritura, sin la bóveda, sin el torno del alfarero, sin elcaballo (creador de imperio) o el animal de tiro, encontrando soluciones originales, desplazando hombres sobre milesde kilómetros.

¿Los retos del espacio podrían en consecuencia expresarse de la misma manera? Se instalaron nuevas ciudades, nuevos Imperios, construyendo ciudades al borde del mar, organizándolas de otra forma, irrigando el espaciode manera diferente. Espacios antiguos, espacios nuevos, articulados con lo que Fernand Braudel denomina el Tiempo del Mundo. Dentro de un muy largo período y hasta hoy en día, las estrategias de los hombres y de las comunidades toman en cuenta estos diferentes tiempos, tiempos también delimitados por diferentes espacios.

Cuando el historiador del siglo xix aborda la constitución de los Estados-Nación, debe tener en mente lo que efectivamente significan el espacio andino y su estructuración: las articulaciones internas que darían una coherencia al espacio colonial fueron rotas por las reformas borbónicas que dividen, atomizan, trastornan a los hombres y a las sociedades. Los Estados que aparecen entonces no pueden ser comprendidos si no se imagina lugares encajonados, poco poblados, distantes (mucho más que antes), sociedades cerradas en las que todos se conocen y se oponen. Luego sigue una larga historia de apertura y de cierre con sistemas (¡Ah, cuántas dificultades tuve con el “caos limitado”!)

Pero nada puede ser entendido o por lo menos percibido si, además de la superposición y yuxtaposición de los espacios, no se toma en cuenta la superposición y yuxtaposición de los tiempos que son también yuxtaposición de ideas. Me explico, en primer lugar se trata de la concepción del tiempo porsupuesto: circularidad contra linealidad. Pero también, deljuego con tiempos diferentes. Así, en Quito en 1978, trabajé sobre la superposición y la yuxtaposición de tiempos e ideas:
del peón que sabe jugar con la eternidad y la modernidad;
del hacendado de 1900, moderno en París y conservador en la hacienda;
de los “próceres” de la Independencia, que manejan la neo-escolástica y están muy al tanto de Rousseau.

La inteligencia de los Andes pasa por estas dificultades que crean sistema. Para el historiador el problema epistemológico más difícil es quizás ese: así como los pueblos devinieron mestizos, que los espacios devinieron mestizos, los tiempos devinieron mestizos. ¿Qué significa esto? Aun cuando hay estructuras que permanecen (la cuatripartición), otras, fusionales, han aparecido (el compadrazgo). ¿Quién sabe en los Andes que la cerveza recién apareció en el siglo xix, o que el arroz lo hizo tan sólo a fines del siglo xix? La brutalidad de los cambios recientes no debe hacernos creer que todo será abandonado. Las sociedades siempre se organizan… La Iglesia, las creencias retoman sus derechos. La ciencia política, quizás un poco ignorada, nos ayuda a comprender cómo se orquesta todo esto.

Yo habría podido, yo habría debido mencionar otros aspectos de mi relación de amistad con Olivier Dollfus:
cómo ser un sucesor para dirigir el IFEA, este equilibrioentre producir saberes, cooperar, formar;
cómo hacer vivir una red de Institutos;
cómo ser Director de Cooperación Universitaria, Científica y de Investigación del Ministère des Affaires Étrangères y necesitar un asesor geógrafo que analice los sistemas, las redes.

Sucede que en esta aventura común, el pensamiento se alimenta de los actos y los actos del pensamiento. Más que nada debería haber dicho que los saberes, el análisis de las estrategias sólo se adquieren con una vigilancia incansable (escuchar a los testigos, estudiar archivos de todo tipo) y mediante grandes cabalgatas “a pie, a caballo y en auto” que permiten leer la naturaleza, los paisajes de los hombres, sus ideas en actos, para tener una percepción global que es la vida misma.

En noviembre de 1999, una reunión en París, alrededor de Olivier Dollfus (en comunión conmigo también en la “RPR”1 se intitulaba, con toda razón,Vivir el mundo pensándolo. Que él me permita decirle aquí que, en lo que a mí se refiere, su ejemplo es más bien: pensar su vida en el mundo, vivir su pensamiento del mundo.

NOTES
1 RPR: Religion Prétendue Réformée (Religión Supuestamente Reformada).

AUTEUR : Yves Saint-Geours
Ministère des Affaires Étrangères -FRANCE
E-mail: mailto:Cette adresse e-mail est protégée contre les robots spammeurs. Vous devez activer le JavaScript pour la visualiser.

 

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