El homenaje de Mario Vargas Llosa a Carlos Oquendo de Amat; “el brujo de la palabra”.

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"Este breve artículo es un análisis sobre el homenaje que le hizo Mario Vargas Llosa a su compatriota Carlos Oquendo de Amat (1905-1927), en 1967, en su discurso titulado: “La literatura es fuego”, que pronunció al aceptar el prestigioso premio literario Rómulo Gallegos, por su novela La casa verde (1966), cuando Vargas Llosa tenía solamente 31 años".

El homenaje de Mario Vargas Llosa a Carlos Oquendo de Amat; “el brujo de la palabra”.

por: María Elvira Luna-Escudero-Alie, PhD. - Montgomery College, Maryland
A Gabriel Escudero Otero, con afecto y admiración

(Artículo publicado el 05/11/2020 en www.Crítica.cl - Chile )

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Resumen
Este breve artículo es un análisis sobre el homenaje que le hizo Mario Vargas Llosa a su compatriota Carlos Oquendo de Amat (1905-1927), en 1967, en su discurso titulado: “La literatura es fuego”, que pronunció al aceptar el prestigioso premio literario Rómulo Gallegos, por su novela La casa verde (1966), cuando Vargas Llosa tenía solamente 31 años.

Palabras clave
Mario Vargas Llosa, Carlos Oquendo de Amat, 5 metros de poemas, La literatura es fuego, Premio Rómulo Gallegos.
 

Carlos Augusto Luis Humberto Nicolás Oquendo de Amat, nació el 17 de abril de 1905 en Puno, cerca del emblemático lago Titicaca; el lago navegable más alto del mundo, y murió prematuramente; de tuberculosis, el 6 de marzo de 1936 en la sierra de Guadarrama en España. A pesar de haber escrito solamente un poemario: Cinco metros de poemas (1927), este poeta vanguardista conocido como: Carlos Oquendo de Amat, está considerado entre los más relevantes vates peruanos; al lado de César Vallejo, José María Eguren, Martín Adán, César Moro y otros más.

Oquendo de Amat recibió una educación académica esmerada que -junto a su pasión por la lectura- allanó el camino hacia su buena formación intelectual. Su padre fue Carlos Belisario Oquendo Álvarez; un médico famoso, graduado por la Universidad de París quien además era periodista y político, y su madre fue Zoraida Amat Machicao, bisnieta del virrey Manuel Amat y Juniet; quien fuera inmortalizado en la cultura popular por sus amoríos con la bella actriz Micaela Villegas: alias “La Perricholi.” La familia de Oquendo de Amat gozó durante algunos años de cierta bonanza económica y estabilidad familiar que lamentablemente no duraron mucho debido a la persecución política contra el padre del poeta -candidato progresista a diputado- Es necesario señalar que esta desatada hostilidad por razones ideológicas, fue orquestada por los conservadores políticos puneños. El padre de Oquendo de Amat decidió, entonces, mudarse con su familia a Lima, cuando el poeta tenía 3 años. Fue en Lima donde las dificultades económicas y la inestabilidad familiar se sumaron para comenzar a tejer los despiadados hilos de los múltiples infortunios que determinarían el aciago destino del poeta de la ternura.

El único poemario escrito por Oquendo de Amat; una obra maestra vanguardista, consta, como su título anuncia: de alrededor de 5 metros de extensión, al desplegarse como un acordeón de principio a fin. “Abra el libro como quien pela una fruta” nos recomienda el poeta. La carátula del libro fue diseñada por su amigo de los años sanmarquinos: Emilio Goyburu. El poemario contiene 18 poemas y el penúltimo de ellos, escrito en 1923 y titulado “Réclam” nos remite en su verso final, otra vez, al título del poemario: “[….] compro para la luna 5 metros de poemas.” Todo el poemario está dedicado a su madre a quien le unían lazos de afecto muy estrechos y especiales. El poema titulado precisamente “Madre”, destaca por sus muchos versos colmados de inconmensurable ternura:

“Tu nombre viene lento como las músicas humildes
y de tus manos vuelan palomas blancas”
“Mi recuerdo te viste siempre de blanco […]”
“Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura”
“Porque ante ti callan las rosas y la canción”

Oquendo de Amat tenía solamente 19 años cuando su madre, figura estelar en su vida; falleció, víctima del alcoholismo. Esta tragedia personal caló profundamente en el alma sensible del joven poeta, quien ya había perdido a su padre a los 13 años, en 1918.

Cabe destacar también el poema que pone punto final al poemario: el hermoso y brevísimo poema “Biografía” en tanto modelo de economía lírica en el cual su apropiado y omniabarcante título concentra la médula misma del poema. “Biografía”, recoge la perspectiva de un adolescente que valora desde la más recóndita ternura aquello que lo define existencialmente; todo lo que es y todo lo que tiene:

Biografía
tengo 19 años y una mujer parecida a un canto

A pesar de las penurias económicas que Carlos Oquendo de Amat tuvo que afrontar a la muerte de su padre, pudo terminar los estudios secundarios, gracias a una beca, y lo hizo en la escuela pública más prestigiosa de la época: Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe donde estuvo interno entre 1917 y 1921.

Luego de concluir sus estudios secundarios, Carlos Oquendo de Amat ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1922, y ahí tuvo la oportunidad de entablar amistad con muchos jóvenes estudiantes que luego serían notables intelectuales, tal es el caso de: Jorge Basadre, Martín Adán, el dibujante Emilio Goyburu, -responsable, como hemos indicado líneas arriba, de la carátula del único poemario de Oquendo de Amat-, Manuel Beingolea, Xavier Abril, los hermanos Peña Barrenechea, etc. Cabe destacar que el célebre pensador y crítico literario: José Carlos Mariátegui (1894-1930) cooperó intensamente en la edición de 5 metros de poemas, y fue una fuente de apoyo constante para Carlos Oquendo de Amat.

El joven poeta Carlos Oquendo de Amat hizo muchos viajes; estuvo en La Paz, Bolivia en 1929 y ahí fue apresado y además expulsado por sus ideas políticas consideradas abiertamente radicales. Oquendo de Amat se entregó de lleno a su militancia política combatiendo a los presidentes Luis Miguel Sánchez Cerro (1889-1933) y Óscar R. Benavides (1876-1945). En 1934 fue desterrado a Panamá, al parecer viajó también a México y a Costa Rica, luego estuvo en Francia y finalmente llegó a España donde murió el 6 de marzo de 1936, cuatro meses antes de que empezara la Guerra Civil Española (1936-1939), y 22 días antes del nacimiento del conspicuo autor Mario Vargas Llosa; el 28 de marzo de 1936.

El premio literario Rómulo Gallegos, uno de los más importantes en el ámbito de las letras castellanas fue otorgado a Mario Vargas Llosa, el 10 de agosto de 1967, cuando el escritor peruano tenía solamente 31 años; pero como diría el gran Borges: “acaso ya era el que sería.” El sublime discurso de Vargas Llosa al recibir conmmovido este insigne reconocimiento merece muchas líneas de reflexión. La generosidad de Vargas Llosa es infinita, y los que tenenos la inmensa suerte de conocerlo personalmente, bien lo sabemos. Veamos ahora cómo se plasma esta generosidad de nuestro Premio Nobel de Literatura de 2010, en sus apasionadas palabras de 1967 cuando aceptó el Premio Rómulo Gallegos por su novela La casa verde (1966) y decidió ensalzar a su insigne compatriota Oquendo de Amat. Es interesante comentar que el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994) era uno de los finalistas a este transcendental premio por su novela Juantacadáveres (1964). Mario Vargas Llosa mencionó en alguna de las magistrales clases que dictó en la Universidad Georgetown, -donde tuve la fortuna de estar sentada en primera línea- que Juan Carlos Onetti debió haber ganado ese premio y no él. La generosidad y la modestia de MVLl no solamente se quedan en palabras; sino que se reflejan en obras. De hecho, en 2008, Vargas Llosa escribió un libro de ensayo analizando la obra literaria de Juan Carlos Onetti. El discurso icónico de Vargas Llosa comienza contando una historia:

«Hace aproximadamente treinta años, un joven que había leído con fervor los primeros escritos de André Breton moría en las sierras de Castilla, en un hospital de caridad, enloquecido de furor. Dejaba en el mundo una camisa colorada y «Cinco metros de poemas» de una delicadeza visionaria singular.”

Vargas Llosa tituló su discurso de aceptación del prestigioso premio literario Rómulo Gallegos así: “La literatura es fuego”, respondiendo a la pregunta que Jean-Paul Sartre hiciera en su ensayo de 1948: “Qu’est-ce que la littérature?” Mario Vargas Llosa comienza su discurso evocando al poeta de la ternura de la manera más objetiva posible: primero lo ubica en el tiempo y para que la fecha de la muerte del poeta se asemeje más al comienzo de una saga que a un informe policial o periodístico, MVLl agrega el adverbio: “aproximadamente” -dicho sea de paso, Vargas Llosa es el irrebatible maestro de los adverbios- luego continúa describiéndolo como lector de poemas surrealistas para después referirse a su miserable muerte en tierras castellanas. Vargas Llosa ya en estas primeras líneas nos ha comunicado bastante: nos ha dicho que el poeta tenía una camisa roja (tal vez también aludiendo a las preferencias ideológicas y a la militancia política del joven poeta) y que “dejaba en el mundo” su único poemario. Vargas Llosa, gran diestro de la prosa apasionada; aunque precisa e incluso épica, nos cuenta en qué condiciones deplorables moría el poeta: “enloquecido de furor.” Carlos Oquendo de Amat es descripto entonces como una víctima de la fatalidad, y sin embargo también como un ser vehemente, auténtico y digno que se entregaba de lleno a su labor poética sin sacrificar sus ideales políticos.

Y Vargas Llosa continúa así su valiente y emocionada descripción, utilizando con enorme maestría verbos en el tiempo pretérito imperfecto del modo indicativo: “Tenía un nombre sonoro y cortesano, de virrey, pero su vida había sido tenazmente oscura, tercamente infeliz. En Lima fue un provinciano hambriento y soñador que vivía en el barrio del Cercado, en una cueva sin luz, y cuando viajaba a Europa, en Centro América, nadie sabe por qué, había sido desembarcado, encarcelado, torturado, convertido en una ruina febril”.

Como si la corta vida de Oquendo de Amat no se hubiera caracterizado por suficientes hechos fatídicos, Vargas Llosa nos recuerda también que incluso muerto, el poeta sumó más desventuras:

“Luego de muerto, su infortunio pertinaz, en lugar de cesar, alcanzaría una apoteosis: los cañones de la guerra civil española borraron su tumba de la tierra, y en todos estos años, el tiempo ha ido borrando su recuerdo en la memoria de las gentes que tuvieron la suerte de conocerlo y de leerlo”.

Es cierto que el nombre del poeta era sonoro y no de casualidad porque su madre era la bisnieta de un virrey. Vargas Llosa enfatiza la diferencia del valor social de sus apellidos rimbombantes con la pobreza que lo atrapó y acaso decretó su vida bordada de adversidades y salpicada de tormentos. No solamente Lima; la capital del Perú, fue un espacio de sufrimiento y tragedia para el poeta, sino también otras urbes del mundo donde de manera misteriosa, Oquendo de Amat había viajado como quien buscaba abrirse camino por el amplio mundo; lamentablemente este mundo y sus circunstancias resultaron menos acogedores de lo esperado y por lo tanto Oquendo de Amat no pudo hallar nunca su espacio existencial; pues el joven poeta fue expulsado de todas partes; como un auténtico paria.

Vargas Llosa continúa describiendo la trágica vida de Oquendo de Amat: “No me extrañaría que las alimañas hayan dado cuenta de los ejemplares de su único libro, enterrado en bibliotecas que nadie visita, y que sus poemas que ya nadie lee, terminen muy pronto trasmutados en «humo, en viento, en nada», como la insolente camisa colorada que compró para morir.” Afortunadamente, la literatura peruana, -sin duda tomando en cuenta el discurso laudatorio de Vargas Llosa de 1967- le ha asegurado a Carlos Oquendo de Amat y a sus “5 metros de poemas”, un lugar destacadísimo y muy merecido, impidiendo que “las alimañas” hayan erradicado su poemario, como vaticinaba ominosamente el joven Vargas Llosa en 1967.

Mario Vargas Llosa, describe a continuación con entrañable admiración y perspicaz vehemencia el arte poética, el talento lírico y el enorme coraje del joven poeta peruano a quien tanto venera:

“Y, sin embargo, este compatriota mío había sido un hechicero consumado, un brujo de la palabra, un osado arquitecto de imágenes, un fulgurante explorador del sueño, un creador cabal y empecinado que tuvo la lucidez, la locura necesaria para asumir su vocación de escritor como hay que hacerlo: como diaria y furiosa inmolación».

Es evidente que Vargas Llosa considera a Carlos Oquendo de Amat un poeta deslumbrante, un adelantado a su época que como los héroes románticos que pueblan la literatura, murió trágicamente y en plena juventud. Cabe resaltar que en 1967, Vargas Llosa ostentaba todavía ideas socialistas y admiraba entonces a la revolución cubana y su proyecto socialista internacional. De hecho, la figura de Carlos Oquendo de Amat fue, en su hermoso y ferviente discurso, el ejemplo de cuán intensa debe ser la vocación de los escritores y al mismo tiempo fue también una ilustración de los peligros que pueden asechar a los creadores cuando la sociedad en la que viven les niega oportunidades para explorar sus talentos y poder vivir de su arte.

Analicemos el siguiente párrafo del ilustre discurso de Vargas Llosa aludiendo otra vez a Oquendo de Amat:

“Convoco aquí, esta noche, su furtiva silueta nocturna, para aguar mi propia fiesta, esta fiesta que han hecho posible, conjugados, la generosidad venezolana y el nombre ilustre de Rómulo Gallegos […..]”

Vargas Llosa prosigue su discurso ahondando en los riesgos que afronta el escritor latinoamericano: “Y el escritor, ya lo saben ustedes, es el eterno aguafiestas. El fantasma silencioso de Oquendo de Amat, instalado aquí, a mi lado, debe hacernos recordar a todos -pero en especial a este peruano que ustedes arrebataron a su refugio del Valle del Canguro, en Londres, y trajeron a Caracas, y abrumaron de amistad y de honores- el destino sombrío que ha sido, que es todavía en tantos casos, el de los creadores en América Latina.”

Incluso en el último párrafo del discurso: “La literatura es fuego”, Vargas Llosa hace despliegue de su generosidad literaria al reconocer justamente los méritos del autor uruguayo Juan Carlos Onetti:

“Otorgándome este premio que agradezco profundamente, y que he aceptado porque estimo que no exige de mí ni la más leve sombra de compromiso ideológico, político o estético, y que otros escritores latinoamericanos con más obra y más méritos que yo, hubieron debido recibir en mi lugar -pienso en el gran Onetti, por ejemplo, a quien América Latina no ha dado aún el reconocimiento que merece-[…]”

Concluimos estas reflexiones, subrayando la admiración de Vargas Llosa por Oquendo de Amat, y resaltando su gran generosidad al diseñar su discurso de tal manera que la atención hacia su merecido premio y a su ilustre persona se mudaran al recuerdo del joven poeta; al creador de los “5 metros de poemas”, inmolado por las circunstancias políticas que le tocó vivir, por la falta de comprensión de sus contemporáneos, por haber sido un soñador; un adelantado a su época; un poeta de la ternura.

Elvira Luna Escudero-Alie

María Elvira Luna-Escudero-Alie, PhD.
Montgomery College, Maryland

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Bibliografía

Ayala, José Luis, Cien metros de biografía, crítica y poesía de un poeta vanguardista itinerante, Lima, Editorial Horizonte, 1998.

Meneses, Carlos, Tránsito de Carlos Oquendo de Amat, Inventarios Provisionales, Las Palmas de Gran Canaria, 1973.

Oquendo de Amat, Carlos (2005), 5 metros de poemas. 5 metros de poemas. Lima: Editorial Universitaria de la Universidad Ricardo Palma.

Vargas Llosa, Mario. “La literatura es fuego” http://www.literaterra.com/mario_vargas_llosa/la_literatura_es_fuego/

 

FUENTE:  https://critica.cl/literatura/el-homenaje-de-mario-vargas-llosa-a-carlos-oquendo-de-amat-el-brujo-de-la-palabra 13/03/2021

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