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"Oquendo fue sepultado en el olvido hasta los años 60, por una crítica literaria anacrónica. (...) Desde entonces se han sucedido artículos periodísticos, tesis universitarias, libros, ediciones facsímiles o no parecidas; pero sobre todo, su lectoría, se ha hecho fervorosa. Y sin embargo, debiera dejar de ser un poeta de culto y entrar de lleno a las aulas de los colegios."

"No sé si tú sentiste la delicia de tener veinte años. Para la inmensa mayoría de los seres humanos los veinte años son la epifanía de la juventud y, por supuesto, la juventud el capítulo inolvidable de sus vidas. Quien a esa edad ha perdido padre y madre, tras episodios sumamente tristes, carece de defensas económicas, no tiene una profesión ni un oficio, y ambicionaba convertirse en poeta, como era tu caso, esas reglas de felicidad juvenil no existen." (continua).

Carlos Meneses, su biógrafo más autorizado, señala que 1923 es el año de la más intensa soledad de Oquendo de Amat: «A veces, en medio de su soledad, sólo atina a recitar, insistentemente, sus versos a personas que acaba de conocer y que no están hechas para comprender poesía. Hay quienes lo toman por loco y huyen de él, dejándolo que hable solo, que se escuche a sí mismo». 

"Habías escrito: nadie podrá tener más de treinta años. Parecía una orden. Eso fue cuando tenías diez menos que la edad que señalabas. Habías soñado con conocer París, ciudad en la que tu padre estudió medicina. En la que descansaban los huesos de uno de tus tíos. En la que vivió toda tu generación anterior." (continua)

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