En su divertida representación y aparente sencillez, la poesía visual de 5 metros de poemas nos recuerda que el despliegue de la técnica, si no se sujeta a la valorización del capital, promete crear inmensas posibilidades de juego. Su divertida negación del mundo social burgués y su pequeña fe revolucionaria, hacen del socialismo en tono menor de la poesía de Oquendo de Amat una fascinante posibilidad de crítica social.

Oquendo fue sepultado en el olvido hasta los años 60, por una crítica literaria anacrónica. Entonces, después de treinta años, el cosmos volvió a organizarse, escribí mi tesis universitaria; coincidentemente, aquellos años, Allen Ginsberg lo descubrió, y Mario Vargas Llosa lo evocó en su famoso discurso La literatura es fuego.

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