La "Estrella Negra del Animal" de José Alberto Velarde Larico

El poeta José Alberto Velarde, París 10 de junio de 2013 (Fotografía de R. Díaz)

Poetas puneños
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Un recorrido cosmogónico en la escritura del poeta (a partir de la experiencia interior del dolor y la muerte). José Alberto Velarde, Nació en Yunguyo, Perú, en 1954. Reside en París desde 1984. Ha realizado estudios de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina y Estudios de Lengua y Civilizacion Española en la Universidad de la Sorbonne, Paris III. Ha publicado Casa sin puerta (poesía), Comité Killka Editores, Lima, 1990. Palabras Anudadas (poesía) Edición Colección Vericuetos, Paris, 1999, La Estrella Negra del Animal (poesía), Ed. L’Oreille du LoupParis, 2013.

José Alberto Velarde 2

 

  La "Estrella Negra del Animal" de José Alberto Velarde

Por: Mario Wong (*) 

 

Up all the night got demons to fight.
Anónimo


Depuis dix ans, ma jambe gauche,
Tu me jouas combien de tours!
Valery


La tête a ses faux-pas comme les pied les siens.
Vigny Betty W., in memoriam

El laberinto de las grandes ciudades —y aquí incluyo París, lugar de residencia del poeta peruano José Alberto Velarde— es fundamentalmente un espacio de recorridos (ahí está el flaneur de Baudelaire), que incita al sujeto a un dinamismo permanente. Desde la reforma urbanística parisina de Haussmann, en el siglo XIX,2 la movilidad, en el sentido más amplio del término, se ha transformado en un valor de primera importancia; ella se convirtió, igualmente, por un efecto de mimetismo profundo, en una de las estructuras nuevas de la poesía moderna: no es solamente el sujeto lírico que se pone en movimiento, sino que con él su texto mismo, cuyas partes se fragmentan (como parte de esa experiencia citadina), y se “agencian” de manera más discontinua.3 Esta ha sido una de las respuestas a la crisis del sujeto lírico —cuyo yo se desestructura en las etapas del capitalismo tardío, teniendo que recurrir a la “estética de choc4 baudeleriana, de los inicios de la modernidad—, que ha pasado por la interiorización de la figura del laberinto, la cual se ha inscrito directamente en, o sobre, el cuerpo; como si de un Cristo moderno se tratase, lleva el laberinto y los sufrimientos de la vida como si fuesen una cruz. Ante lo grisáceo y los traumatismos de la vida urbana en este mundo globalizado, el poeta siente la necesidad e intenta, repetidamente, escapar a la fatalidad de la marcha y a la maledicción de la horizontalidad (ligada a la potencia del arquetipo del laberinto, como metáfora de la condición humana en las grandes ciudades). 

En este su último libro de poesía, el mundo de las imágenes del poeta José Alberto Velarde, como si de un ritual se hubiese tratado, ha tomado un determinado rumbo en que, desde el título, se impone el negro de la visión. Cito: Recuerdo el chillido/ del pájaro negro/ del dolor/ allí donde no hay viento/ donde está/ quedo/ el silencio. (“Pájaro negro”). ¿Qué es lo que ha ocurrido en la vida del poeta para que suceda esto? ¿Cuál ha sido la experiencia crucial, el événement —acontecimiento—, que ha suscitado esta “escritura en negro” (Black is black o, más preciso, Paint is black)? Todo gran libro de poesía —y La estrella negra del animal lo es sin duda—, todo poema, es el lugar del lenguaje en que el poeta se confronta con lo real; y no es, ciertamente, cualquier realidad (una apariencia o semblant du réel), sino lo “real-real”, la “imagen de la imagen” en el lenguaje perspectivista nietzschiano,5 aquel que implica un punto de ruptura, de inversión en la continuidad, en la cotidianeidad, de la vida. Así el poeta, en el poema, extrae de la lengua “un verdadero punto imposible de decir”.6 

Encuentro una extraña belleza en los poemas iniciales de este libro, que hacen que rememore otros textos, de libros anteriores7 de J.A. Velarde; esa transparencia melancólica, esa luminosidad, súbita, de la presencia de la naturaleza, del mar, del sol, del cosmos que está marcada (y se suscita en una gran ciudad como es París) también, sin duda, de las impresiones de una infancia andina. Cito: De dónde vienes/ alucinante belleza/ de dónde llegas/ ingrávida/ como nube/ invadiéndolo todo… (“Poética”); Radiante abanico de energía/ estrella de mi esperanza/ quisiera llegar a ti/ como un deseo/ un fulgor… (“Lucero”); Olas danzantes/ tu vuelo/envolvente/ ave Marina/ tus alas como espejos/ en el pleamar radiante… (“Ave Marina”); Hierbabuena morada de tu boca/ trébol de belleza en flor/ ensalmo divino inefable/ Orión de mi cielo estrellado… (“Orión”); Desposeído/ de los temperamentos/ del cuerpo/ el rito supone el contacto cósmico/ con el águila/ del deslumbramiento… (“Cactus”); y, del antepenúltimo poema, “Vagar en París”: …es fácil/ con el despuntar del día/ el Sena/ se desliza raudo/ fluye en la ciudad/ como una música íntima/ y… 

[He aquí el poema en su integridad :]

PARÍS

Vagar en París
es fácil
con el despuntar del día
el Sena
se desliza raudo
fluye en la ciudad
como una música íntima
y la esperanza
es un clamor
de multitudes
que avanza
con los pasos desprendidos
del alba
llamando a vivir
la vida
como una larga sonrisa
que todo lo ignora
menos el dolor


 Pero el dolor existe, y ¿quién puede negarlo? El dolor se hace presente en la vida del poeta: Existe el dolor/ como rayo suspendido/ una luna colgada/ de la nada/ un grito/ un pasillo oscuro/ de la mente/ donde acaso…/ de un detenido corazón/ Abismo —quizá sombra/ quizá pájaro solo/ de taciturno vuelo… (“Morfina”). El pájaro negro del sufrimiento se hallaba ya anticipado en este texto; se trata de un dolor que se vierte en logradas imágenes (en ambos poemas) del padecimiento (físico, mental, emocional, nervioso) del poeta; retengo —de ambos textos citados— las palabras chillido, grito, quedo, silencio, pasillo oscuro, detenido corazón, abismo, sombra... Y entre ambos, se halla “Nox Aeterna”; cito: … la noche y sus alas/ misteriosas/ la desesperada búsqueda/ de mi mismo/ como otro/ el dolor siempre presente/ el frenesí primitivo/ del lento y secreto/ trabajo de la muerte. El dolor se convierte, pienso, en el nova organa —en los intersticios de la vida y la experiencia de la muerte— de una visión cosmogónica más profunda, abismal, del ser y del mundo, de la vida y de la desaparición de los seres y las cosas; una tal percepción de la vraie réalité —la verdadera realidad— brota de la experiencia psíquica del dolor.

Me ocupo seguido, para concluir, del poema que da título al libro; antes señalo que de los siete poemas que siguen (hasta el antepenúltimo, que he citado), en “La antesala del delirio” se impone la mirada fragmentada, alucinada (están los “paraísos artificiales”), laberíntica, que acompaña la “experiencia del yo” en la gran urbe: … Escalera// Espejo// simetría en las miradas/ indiferentes al cielo raso/ de las ideas… (I); Los labios del más drogo/ tiemblan y dicen Trilce/ las paredes tambalean bajo las camisas y… (II); …Las miradas son crepusculares/ todo es una herida/ las palabras ruedan… (III); y, parte (IV): La cumbre se precipita/ entre lo denso/ la antesala es una chicharra/ crepitando entre los dientes/ las cabezas moños rojos// Rojas y verdes luces del amor/ prestidigitan bajo un halo de rush… / Spinetta dixit//... 

Es la visión del vértigo lunático, de la atracción abismal en “La estrella negra del animal”; cito: …en la calle los wayquis danzan/ el rito del Sol Negro Turuguri/ invocan a la luna/ ¿Quién eres, quién eres, quién…? (I); Vértigo lunático/ expones las razones del salto al vacío/ la atracción por el abismo/ niegas la evidencia/ reconoces… (II). Y, en la parte III, final, la escritura, la poesía con que J. A. Velarde exorcisa, como si de un mal sueño se tratase, el dolor, el sufrimiento: …como un lobo temerario/ buscando la figura salvaje/ el nocturno esplendor/ de una estrella negra/ inmersa en el abismo urbano/ tendiendo una mano/ buscando otra mano/ codiciando el sueño/ solo para soñar/ y para el otro sueño lustral/ que nos purifica de ser/ el que somos/ sobre la tierra/ entonces que todo sea/ más que un mal sueño… Sin ninguna duda, el poeta ha extraído de la lengua “un point réel” —un verdadero punto— de lo indecible.

(*) Mario Wong. Escritor peruano, residente en París desde hace veinte años. Es autor de la novela El testamento de la tormenta, del libro de relatos Yo vivo en San Miguel pero muero por Amalia (edición bilingüe), así como de varios poemarios. Es corresponsal en Francia de Archipiélago Revista Cultural de Nuestra América.

PARÍS
Vagar en París
es fácil
con el despuntar del día
el Sena
se desliza raudo
fluye en la ciudad
como una música íntima
y la esperanza
es un clamor
de multitudes
que avanza
con los pasos desprendidos
del alba
llamando a vivir
la vida
como una larga sonrisa
que todo lo ignora
menos el dolor

Bibliografía.

1- José Alberto Velarde, L’Étoile Noire del animal, Éds. L’Oreille du Loup, París, 2013 (edición bilingüe).

2- Cf. Walter Benjamin, Paris, capital du XIXe Siècle, Éds. Allia, Paris, 2005, p. 38.

3- Cf. Pierre Loubier, Le Poète au labyrinthe. Ville, errance, écriture, Fontenay-auxRoses, ENS Éds Fontenay/Saint-Cloud, 1998, pp. 316-317.

4- La crisis de la tradición otorgaba autoridad y garantía a la obra de arte —por la cual se realizaba sin cesar la soldadura entre el presente y el pasado—, y según Walter Benjamin se manifiesta como “décadence de l’aura”, fenómeno que es evidente, particularmente, en Baudelaire, poeta que afronta la disolución de la autoridad de la tradición, poniendo la “experiencia de choc” en el centro de su trabajo poético. Cf. G.Agamben, L’Homme sans contenu, Ed. Circé, Clamecy, 1996, pp. 137-144.

5- Cf. G. Agamben, “L’image immémoriale”, en La Puissance de la pensée. Essais et conférences, Éds. Payot & Rivages, Paris, 2011, pp. 386-87.

6- Cf. A. Badieu, Á la recherche du réel perdu, Fayard, Paris, 2015, p. 39.

7- El primero es Casa sin puerta y el segundo Palabras anudadas.

FUENTE : http://www.revistas.unam.mx/index.php/archipielago/article/view/55499/49216 leído y copiado el 27/07/2018