Para Reynaldo Lacámara, la literatura se afirma en la tensión entre posibilidad y desafío*. Esta visión universal se encarna en su escritura como pulso propio: su poesía no se limita al enunciado, sino que habita el latido. Mientras la literatura le ofrece el ángulo desde el cual traducir la cotidianidad humana, el ejercicio poético le exige esa respiración del lenguaje capaz de sostener el asombro. (R.D.B.)
Reynaldo Lacámara: poemas pensados como imágenes listas para el encuadre
(Reynaldo Lacámara, Santiago de Chile, abril, 1956)

La poesía de Reynaldo Lacámara se tensa entre posibilidad y desafío*. Su escritura deja de ser mera idea y se encarna en un lenguaje que late, que transfigura lo cotidiano y alimenta el asombro. Su obra privilegia la brevedad y el silencio con una precisión casi cinematográfica. Esa economía no es vacío, sino concentración. De allí que cada verso actúe como un destello nítido, más cercano al encuadre de una imagen que a la dispersión del discurso.
Más allá de lo estético, Reynaldo Lacámara concibe la literatura como un acto de rehumanización de nuestra existencia. En un tiempo atravesado por tensiones políticas y culturales*, su poesía se vuelve un puente entre la experiencia y la palabra, un modo de restituir sentido a la vida compartida. Allí, en ese espacio de resonancia, autor y lector se encuentran para recuperar lo extraordinario que aún persiste en la cotidianidad humana (R.D.B.)
Gozo
Pintar risas negras sobre hojas caídas
algo banal que rompe el parlamento
El gozo tuyo y mío …el Gozo
El dulce papel que el plató convierte en naturaleza muerta
por dictamen de la luz
Guiños de reflejos atrapados
que determinan
hasta cuándo pueden los ojos
El gozo
el gozo sobre la pantomima de los escenarios
entre el cartón piedra de la tramoya
y el grito de silencio en la noticia
El descarriado gozo
el tuyo y el mío
entre altavoces y estrellas apagadas
Pero nunca más amor
permitas que este acto se repita.
Pecera
El mar habita en un pez
sus aletas causan olas
El viento es violencia serena
que agrede el filo de las rocas
por el desfiladero
sin rumbo ni destino.
Océano, no sufras por esa orilla
de donde la Orca se escapa
Porque mientras agonizas, no estás solo
Te siguen las escamas de la resaca
y la espuma del fracaso
Océano, venimos de tus lágrimas
El aire de tus años nos cambia el semblante
cuando abrimos los brazos
y despegamos.
El niño dormido
(en una playa de Siria)
El niño se baña en lodo salado
respira el ingrato perfume de la tierra:
su pequeña nariz olfatea el reverso de las cosas
Al aroma enrejado
lo acompaña una flor negra
envuelta en periódicos de óxido y telaraña
que permanece en la noche
quemándose como nieve
El niño descansa sin ancla
sin timón, como barca perdida que bosteza
entre lágrimas de un océano roto
Logró llegar hasta la orilla
resuelto como algas entre las ingles del buey
Solo una gaviota
navega en el cielo.
Permanencia
Acostado en el centro de la orilla
percibo el hilo y su fricción
dando las puntadas de lo que hemos sido.
No pongas la calavera entre la hierba
El mundo entero persigue
algo enmohecido, mudo
mientras las hojas caen ajenas
y el calendario busca una justificación.
No hay muerte entre las sábanas
El silabario es un vestido de lino
una mortaja siempre manchada
con rostros antiguos
La calavera bebe su vino
y permanece.
Quinto crepúsculo (2)
Ritmo del destino
toca madera.
A tus ojos llega
la misma luz
que bebe raíces.
Alguien viene por ti
(lo sabes).
En el asilo otra vida se alza
al compás
de un baile salido del alma.

BIONOTA
Reynaldo Lacámara, poeta chileno, nació en Santiago en abril de 1956. Muy temprano su vida tomó rumbo hacia Rosario, en Argentina, donde transcurrió su infancia. De regreso en Chile, su trayectoria vital lo llevó a Curicó (1970‑1982), luego a Linares (1982‑1984) y finalmente a Santiago, ciudad en la que reside desde 1985. Su obra se inscribe en la llamada Generación de los 80, a la que aporta una voz singular, marcada por el movimiento, la memoria y la vibración de una época en transformación.
Ex Presidente de la Sociedad Chilena de Escritores (SECH), participó activamente en el Colectivo de Jóvenes Escritores de la misma institución. Más tarde, durante la década de los noventa, dirigió los Talleres de Poesía de la Corporación Cultural La Reina y el Taller de Reparación Literaria, además de desempeñarse como editor de diversas revistas culturales.
Nota:
* https://www.escritores.cl/ediciones/articulos2/entrereynaldo.htm
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