París, José Velarde.

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Ya no es un poeta joven, la madurez, esa lavaza imperceptible que se acumula con los años, que burbujea y espuma hasta salir por los ojos y las orejas posee a Velarde. El oficio y la conciencia del oficio, cuando los poemas salen enteros, masticaditos, vestiditos. Pero ante todo, la palabra diáfana como el primer día de la creación, a orillas del lago.

París, José Velarde

 

Por: Omar Aramayo
 
 
José alberto velarde la estrella1
 
París, 2014  Celebrando la publicación de "La Estrella Negra del Animal" (Foto : RDB) 
 
 
Uno de esos días en que Dios andaba enfermo, un estudiante de psicología, peruano, salió como pudo de Buenos Aires, haciéndose invisible al ejército de rayas ratas de la dictadura argentina, tras una de esas operaciones de rastrillaje de la cual nadie podía escaparse, ni de a vainas. Buscaba en esas buhardillas bonaerenses, porque alguien les había pasado las voz que había un estudiante que usaba una chalina roja. Eso era sumamente grave, en la Argentina de aquellos años; el color rojo fue desterrado en cualquiera de sus expresiones. Mucho más tratándose de un estudiante de psicología. 
 
Los sabuesos del mal ya daban con los talones de este muchacho descuidado; pero él, gracias a su intuición de poeta les llevaba la delantera, aunque sin alcanzar a llevarse los zapatos, la ropa interior, el reloj, la billetera, menos aún su currículo vitae, ni hablar de sus poemas. Y así, con los pies en polvorosa, cruzó calzadas, valles, bosques, noches tropicales y desiertos inclementes, hasta llegar al Brasil, de las manos del buen Dios.
 
Mucha agua ha pasado bajo los puentes desde entonces, obviamente ustedes saben que hablo de José Velarde, que ya no es un poeta joven, que ya no vive en la Argentina ni estudia psicología, el ejército argentino tampoco lo busca, solo es un poeta, y eso es bastante. Y vive en París, donde es un jubilado de la Unesco, y pasa sus noches soñando con Yunguyo, donde nació hace una vergüenza de años.
 
Con los años Velarde fue parte del grupo Cloaca, uno de sus más cálidos exponentes. En los 90. Publicó un hermoso libro cuyo título de inspiración freudiana, donde también alude a los viejos quipus de su patria, Palabras Anudadas. Es una colección de poemas que habla de la identidad con sus orígenes, con el Ande, con su magia, escritos a la luz de la transparencia, muy sencillos pero nada simples. Son esos poemas que no tienen escollos en la lectura, y ese estilo caracteriza a su trabajo, busca al lector en su casa, extiende su panel, es decir su panal, y espera a los rayos del sol. O la luna.
 
José Velarde acaba de publicar una nueva colección, La Estrella Negra del Animal, edición bilingüe, como su libro anterior. También es un libro de identidad, pero no con su lugar de nacimiento (como dije, nació en Yunguyo, Puno, Perú) sino con su hábitat, no con el Titikaka sino con el Sena, no con la magia sino con el dolor, no con el volcán de origen sino con la multitud que pasa. La multitud, la soledad, el dolor, la desesperanza. La urbe.
 
Es un libro del desgarramiento, no de la queja ni el lamento, sino del ser que se muestra y se rebela, como un "lobo temerario". "El Estado ha hecho un secreto del amor / y corazón". Pero frente a todos estos devaneos del homo citadino está el aymara, su fuerza telúrica, irreductible. No podrán matarlo, diría Romualdo.
 
Ya no es un poeta joven, la madurez, esa lavaza imperceptible que se acumula con los años, que burbujea y espuma hasta salir por los ojos y las orejas posee a Velarde. El oficio y la conciencia del oficio, cuando los poemas salen enteros, masticaditos, vestiditos. Pero ante todo, la palabra diáfana como el primer día de la creación, a orillas del lago.
 
Omar Aramayo. Lima, 20 de febrero de 2024.
 
Fuente: https://www.facebook.com/omar.aramayo.39 Copiado el 21-02-2024